Un tal Blázquez
domingo 18 de enero de 2009, 16:56h
Corría el año 1995 cuando un tal Arzallus, que nunca se presentó a unas elecciones, calificó de “un tal” a un obispo, Ricardo Blázquez, que acaba de ser nombrado para la sede de Bilbao. El pecado de Monseñor, según el ex jesuita, es que Don Ricardo no era vasco, era solo de Villanueva del Campillo, provincia de Ávila.
Uno es periodista y está acostumbrado a preguntar y a recibir respuestas. Muchas veces, y así se lo he manifestado a bastantes miembros de la Jerarquía, cuando a un sacerdote le nombran obispo, comienza a mover las manos de una forma diferente y su manera de expresarse se hace en ocasiones difícil de entender. Es lo que en el mundillo periodístico llamamos “insuficiencia mitral”, por un lado, o “excesivo peso de la Cruz pectoral”.
Pues bien, hoy en el 2009, Monseñor Blázquez, Don Ricardo, ese tal Blázquez, que llegó un día a Bilbao sin “insuficiencia mitral”, nos ha enseñado a muchos lo que es mesura y buen hacer. Es un gran Pastor. Hay muchos que son grandes teólogos. Una gran virtud, sin duda, pero olvidan ser pastores del rebaño de su diócesis.
Blázquez se encontró con un rebaño y una situación política y social muy difícil. La más complicada de España. Él se ha entregado a su diócesis y a su rebaño. Me consta, que ante los rumores de su posible traslado a una archidióceisis, hay cierta desazón entre sus fieles. Algunos pensarán que Blázquez ha sido tibio en asuntos relacionados con el terrorismo. Pero no es así. Ha sido siempre contundente en sus condenas. Sus últimos documentos hechos públicos hace días, así lo vuelven a manifestar. Me consta también que su labor es muy apreciada en el Vaticano y que sus intervenciones en el último Sínodo fueron muy apreciadas por Benedicto XVI.
Quisiera recordar aquí algunas afirmaciones hechas por Monseñor Blázquez en un magnifico libro “Iglesia, ¿qué dices de Dios?, y que tuve la fortuna de presentar hace poco más de un año:
“Una sociedad como la nuestra cuyos cimientos son profundamente cristianos, si renuncia a cultivar sus raíces, vivirá desarraigada y perderá vitalidad”…”se comprende fácilmente- escribe Blázquez-que las relaciones entre la Iglesia y la comunidad política, con la secularizad y la aconfesionalidad implicadas, requieren el respeto correspondiente de las funciones del Estado y de la misión de la Iglesia, y el cultivo del diálogo como la manera más adulta y coherente con la condición humana de tratar las cuestiones y de resolver los posibles conflictos. El diálogo, como actitud y método, debe ser fiel tanto a la verdad como a la amistad y el respeto. De estas relaciones, así concebidas y desarrolladas en colaboración mutua, sólo cabe esperar beneficio para los ciudadanos”.
Tal vez, Zapatero ha leído este libro, además de los de Borges, como según nuestro Presidente hace Obama. Tal vez, por eso, al leer o escuchar que un tal Blázquez” pedía respeto, Zapatero recibió hace unos días al Cardenal Cañizares, y en el próximo mes de febrero, uno antes de lo previsto, hará lo propio con el Secretario de Estado de la Santa Sede, el Cardenal Bertone. El número dos del Vaticano, salesiano, es un hombre que vendrá a Moncloa, a procurar el dialogo, pero seguro que hará hincapié en el respeto que la Iglesia Católica debe tener en España.
Un respeto que, inistimos, siempre pidió y pide ese “tal Blázquez”.