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Elige a un equipo de primeras figuras, en el que la incógnita sigue siendo él

Obama apuesta por la continuidad como instrumento para el cambio

lunes 19 de enero de 2009, 14:40h
Un “equipo de rivales”
Edward Bates, Edwin Stanton, William S. Seward, Salmon Chase… Hoy estos nombres no le dicen nada al hombre de la calle, pero cuando Lincoln les nombró para los puestos más importantes de su primer gabinete, resonaban en la opinión pública como grandes hombres. Brillantes todos ellos, pero no necesariamente bien avenidos. Lincoln nombró a un “equipo de rivales”, según el veredicto, siempre provisional, de los historiadores. Eran los más capaces; se primó la excelencia sobre la armonía.

Barack Obama en el Lincoln Memorial. EfeBarack Obama, según señala aquella parte de la prensa que lee historia, señala que ha elegido un “dream team” que también es un “team of rivals”, un equipo de rivales. Obama siempre ha mencionado al primer presidente republicano entre sus héroes. No podría ser de otro modo en el primer presidente negro de los Estados Unidos. Esta mención al equipo es sólo un paralelismo más entre otros. Lo cierto es que quizás la rivalidad entre los miembros del gabinete sea mayor en el equipo de Obama que en el de Lincoln. Seward y Chase quisieron la candidatura republicana a la presidencia, pero esa campaña no fue tan larga, tan dura, tan brutal como la que han mantenido Bill Richardson y Hillary Clinton, y que Obama ha llamado para el Gobierno.

Hay dos últimas notas que llaman la atención. La primera es que a excepción de Susan Rice, embajadora ante la ONU, sus más allegados, los que le han acompañado en su viaje en cohete a la Casa Blanca, como son Samantha Power, Tony Lake o Richard Danzig, han obtenido puestos de segunda o tercera.

La segunda es que los últimos nombramientos son los que más coinciden con su ideología, a la izquierda del partido Demócrata. Es el caso de Tom Daschle, que llevará el sistema público de Salud, es autor de un libro que pide la total regulación federal de esta política. Hilda Solís, en Trabajo, es también muy contraria al libre mercado, dentro de EEUU y con el exterior. Su principal asesor en materia científica pertenece a esa corriente que cree que el capitalismo está agotando todos los recursos, una idea que le costó un disgusto en los 80’, cuando perdió una famosa apuesta con Julian Simon porque él, junto con Paul Erlich, creía que el fin de los recursos estaba próximo, lo que se reflejaría en precios más altos. Vivienda, Medioambiente, Agricultura… son varios los departamentos que estarán liderados por políticos muy a la izquierda.

Un equipo para la crisis
Lo que interesa ahora es saber cómo funcionará ese equipo, especialmente en dos áreas: Economía y Exteriores y Defensa. El equipo económico está trufado de nombres de enorme prestigio. Los Larry Summers, Peter Orszag, Christina Romer, Tim Geithner y demás han llevado a Karl Rove, el gran estratega republicano, a decir que constituye “un equipo económico de primera”. Arnold King, un economista alejado de las ideas de Obama, ha resaltado que este “tiene las mejores credenciales académicos de cualquier equipo económico en la historia”, y Greg Mankiw, que formó parte de la Administración Bush, dice que el grupo es “impresionante”.

Obama con parte del equipo económico. Efe.


La cuestión es, ahora, qué margen de confianza le otorgará Barack Obama, ya que uno por uno, los miembros del gabinete económico son más partidarios de controlar el gasto, bajar los impuestos y abrir los mercados al comercio internacional que el propio presidente. Romer es especialista en la gran depresión, y presidirá el consejo de asesores económicos, un órgano con prestigio, el que le dará la propia profesora, pero sin capacidad ejecutiva. Algo parecido le ocurre a Larry Summers, aunque desde el Consejo Económico Nacional hace una labor de coordinación, de más peso. Paul Volcker presidirá el Consejo de Recuperación Económica, lo que es significativo. Carter lo nombró gobernador de la Reserva Federal, y subió los tipos ya en época de Reagan, precipitando la crisis, pero sentando con ello las bases de la prosperidad económica reaganita.

Pero Barack Obama hereda un plan de rescate de la banca de primer orden, y que en la última semana ha llegado al primer y el segundo banco de aquél país, Bank of America y Citibank. Necesita a un hombre que conozca los sutiles, complejos y oscuros entresijos de Wall Street, y para ello Obama ha designado a Timothy Geithner, un hombre de la Reserva Federal de Nueva York, como Secretario del Tesoro. Es el puesto más importante del equipo económico, y el más comprometido. Obama, cuando anunció su nombramiento, lo definió como un “bróker honesto”, pero su honestidad, precisamente, se ha puesto en entredicho. No pagó impuestos mientras trabajaba para el Fondo Monetario Internacional, aunque luego tuvo que hacer frente a su deuda. Y contrató a una empleada doméstica que estaba ilegal en el país. Geithner ha reconocido estos “errores”, a pesar de lo cual Obama sigue apostando por él. Se presentará ante el Senado el miércoles, al día siguiente de que Estados Unidos tenga ya un 44º presidente. Si sale adelante, tendrá que llegar a buenos términos con Summers y Volker.

Obama, neoconservador
La crisis económica durará varios años. Pero pasará. Ahora bien, las amenazas exteriores a Estados Unidos, no. Es un país en guerra, con dos escenarios muy complejos: Afganistán e Iraq. Podría sumársele Irán, que ocupa el puesto número uno en la agenda del nuevo presidente. Por ello, el equipo de Exteriores y Defensa de Obama tiene especial relevancia. Y aquí, el hombre del cambio ha apostado por la continuidad: Robert Gates repite en el cargo de secretario de Defensa, nombrado por Bush en 2006. Y su archirrival Hillary Clinton será la Secretaria de Estado, es decir, la ministra de Exteriores del Gobierno. Le ha dado el segundo o tercer puesto en relevancia del gabinete, en función de quién lo ocupe y quién esté en la vicepresidencia.

Aunque para el desinformado europeo medio pueda resultar contradictorio, la Administración Obama podría ser más neoconservadora que la de Bush. El neoconservadurismo se basa en dos ideas: que la seguridad interior depende de la exterior, y que ésta necesita de la promoción de la democracia y la protección de los derechos humanos, incluso recurriendo a intervenciones activas.

Hillary Clinton y James B. Steinberg (su número dos), como ha destacado el neoconservador Max Boot, “serán una de las voces más destacadas del neoprogresismo, que no es tan diferente en tantos aspectos del neoconservadurismo. Ambos, por ejemplo, apoyan la intervención humanitaria en sitios como Darfur y Bosnia”. La Administración Bush ha reconocido en Darfur un genocidio, pero ha decidido no intervenir. El vicepresidente Joe Biden declaró que él hubiese intervenido.

Pero el neoconservadurismo no es la única tendencia del futuro gabinete. El propio Max Boot recalcaba que hay tendencias “realistas”, es decir, de aquella forma de entender las relaciones internacionales basada estrictamente en los intereses de Estados Unidos, en los equilibios geoestratégicos, y sin el elemento de idealismo democrático que tienen los neo progresistas (una tendencia que viene de Woodrow Wilson) y los neoconservadores. Richard Perle y Douglas Feith, don notables neoconservadores, han elogiado su elección de Leon Panotta para la CIA. Jennifer Rubin, de la misma tendencia, ve difícil que John McCain hubiera hecho mucho más para elegir a personas a la derecha para puestos importantes.

El enigma Obama
Un equipo tan poderoso, pero tan versátil, no es fácil de conducir. Tiene elementos contradictorios, y los periodistas intentar dar en la diana con epítetos como “centrista” o “pragmático”, pero nada de ello indica qué dirección tomará Obama en los principales asuntos ni cuál será su estilo de liderazgo.

Obama no ha deslizado expresiones como “delegar el poder”, por lo que parece que él estará muy encima de las decisiones. Lo bueno de contar con muchas primeras figuras es que él se puede concentrar en las grandes líneas de la política sin tener que descender demasiado a los detalles. Ha eliminado varias agencias, lo que indica que no quiere tanto un funcionamiento autónomo del Gobierno, sino una concentración de las directrices en su propia oficina. Por otro lado, el Despacho Oval no será la última terminal de un árbol de canales de información, sino el centro de una red; o, al menos, eso pretende.
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