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La derecha intoxicada

Alejandro Muñoz-Alonso
lunes 19 de enero de 2009, 21:52h
Como todo el mundo sabe, una bien orquestada campaña de intoxicación basada en una absoluta desinformación, con estilos procedentes de la escuela soviética y de la goebbelsiana (en todo caso, con claros tintes totalitarios) se ha desatado contra el PP y su actual dirección a partir de las últimas elecciones generales. Los fundamentos de esta campaña –el supuesto y nunca demostrado alejamiento del partido de sus valores identitarios y el no menos supuesto olvido por parte de los dirigentes populares de la idea de España, entre otros argumentos menores- no aguantan el menor análisis y constituyen una auténtica leyenda urbano-mediática. Debe reconocerse, sin embargo, que la campaña en cuestión ha tenido un éxito notable y que sus mensajes, aireados machaconamente por varios y bien identificados medios de comunicación, han calado en una buena parte de los que son o se dicen votantes del PP. En aplicación de una bien conocida técnica de creación de corrientes de opinión, la acumulación y la consonancia de mensajes de idéntico tenor ha generado un clima de opinión que como esas nubes de detritus que se forman sobre las ciudades con altos grados de contaminación impiden la ventilación del ambiente. Se dificulta así la circulación de las ideas y el mínimo debate racional, pues los intoxicados se encasquillan en sus tópicos, incapaces incluso de usar el sentido común, de contemplar con objetividad la realidad -tal y como es y no tal y como se la cuentan- y, sobre todo, impedidos de comprender dónde están sus auténticos intereses, por no hablar del interés general de esa Nación que tanto parece preocuparles.

A veces es tan notable como sorprendente la coincidencia de los argumentos que vocean estos sectores de la derecha con los que se emiten desde las terminales mediáticas al servicio del PSOE y de su Gobierno. Los mismos que dicen detestar cuanto significa Zapatero en la política española y que no han vacilado en calificar de tragedia nacional la reelección del mismo en las últimas elecciones (aspecto este en el que no les falta razón), adoptan una actitud y unos comportamientos políticos que, necesariamente, no pueden sino llevar mucha más agua al molino zapateril. No deja de ser curioso que después de treinta años de democracia, la inexperiencia y la falta de conocimiento de los mecanismos electorales sigan estando tan extendidos por aquí, hasta extremos que rayan en la ridiculez. Haciendo suyo el socorrido tópico de que todos los políticos y todos los partidos son iguales hay algunos que se dicen dispuestos a no votar, sin analizar que, en estas circunstancias, la irresponsable dejación del derecho de voto no puede sino beneficiar a la izquierda que, como se vio en las últimas elecciones, consigue movilizar a su favor no sólo a todos los sectores de la izquierda sino a toda esa amalgama de nacionalistas y similares, capaces de aliarse con el diablo con tal de que no gane el PP, el único partido que puede poner orden en ese desvarío presupuestario y autonómico que lleva la marca de Zapatero y que está convirtiendo a las comunidades autónomas en reinos de taifas, ajenos a cualquier idea de Nación española. Algo parecido se podría decir de los que, haciendo un alarde de ciudadanía, anuncian que acudirán a las urnas, pero para votar en blanco. Como en buena medida la campaña anti-PP se ha personalizado en Rajoy, algunos están dispuestos, por lo que se deduce de sus tomas de posición, a apostar por el caos con tal de que el actual presidente del PP desparezca de la vida política. Por lo tanto viva Zapatero y por muchos años.

Seguramente es todavía más chocante que desde algunos de los medios que instrumentan esta campaña se esté proponiendo como candidata a la única diputada del nuevo partido UP y D, Rosa Díez, una disidente del PSOE, sobre todo por la política de Zapatero respecto del terrorismo y por su escandaloso abandono de la idea nacional, que tiene su manifestación más señalada en el malhadado Estatuto de Cataluña que, si sobrevive tal y como está, supondrá un nuevo modelo de Estado de corte confederal. Salvo estas dos cuestiones, Rosa Díez es una respetable política de izquierdas que nada tiene que ver con los aireados valores que dice defender la derecha intoxicada. Que se apueste por esta señora -que, por ejemplo, no oculta su apoyo a una ley de plazos en el tema del aborto- desde la emisora de la Iglesia Católica, ya es un serio síntoma de adónde está llegando la irracionalidad y el disparate en este momento de la política española. En alguna ocasión Rosa Díez ha aludido a su vocación de convertirse en bisagra, lo que quiere decir que la daría igual contribuir participar en un gobierno de una u otra tendencia y que, por lo tanto, no haría ascos a apostar por la continuidad de Zapatero si ella participase en el Gobierno. ¿Para llevarle “al buen camino”? Cualquiera puede imaginar lo que se puede hacer, en este sentido, desde un partido recién nacido y que sólo en los sueños más optimistas se podría suponer que tendría grupo parlamentario propio.

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

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