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Balance tras el alto el fuego

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
lunes 19 de enero de 2009, 21:59h
El rumor recorría día tras día los pasillos diplomáticos europeos, americanos y de todo el Oriente Medio: la operación Plomo sólido podía estar tocando a su fin. Esto era coherente con los hechos y el propio sentido de la misión: garantizar la seguridad de la frontera sur de Israel neutralizando la infraestructura y los recursos de Hamás. A medida que pasaban los días, la debilidad del grupo terrorista para librar un combate contra otra fuerza armada quedaba al descubierto. Los terroristas sólo podían golpear camuflados entre la población civil. La propia estrategia de Hamás ha aumentado deliberadamente el sufrimiento de los palestinos: los ataques con mortero desde instalaciones humanitarias ha convertido en objetivos edificios que no deberían haberse utilizado en los enfrentamientos. El alto el fuego unilateral declarado por Israel la noche del sábado 17 de enero ha mostrado la debilidad de Hamás. Algunos pensaron que la operación concluiría como la de El Líbano de 2006 pero todo parecía indicar que era distinta. Ahora, sabemos que Hamás no es Hizbolá ni la Franja es el territorio libanés. Frente al liderazgo único de Hassan Nasralah, Hamás tiene un mando militar y uno político y éste predomina sobre aquel y da las instrucciones desde Damasco. Esto ha debilitado la autoridad y el prestigio de Hamás entre los propios palestinos, que han visto como la organización estaba dividida: mientras Khaled Meshaal ordenaba resistir, los líderes en Gaza –cuyo búnker está en los sótanos de un hospital- se mostraban bastante menos entusiastas. El Presidente electo Barack Obama tomará posesión con unas hostilidades suspendidas.

Tampoco los líderes árabes han mostrado excesivo celo en salvar a Hamás a pesar de las crecientes presiones de la calle árabe. Había manifestaciones y protestas, pero con más ruido que nueces. Es cierto que, conforme pasaban los días, las condenas a Israel iban en aumento, pero Fatah ha clamado más por la población civil que por los responsables de la organización terrorista que los expulsó de Gaza. Egipto y Francia han trabajado en pos de una tregua que ha resultado fallida: sólo ha habido un alto del fuego de Israel y otro de Hamás. Jordania ha mantenido, a pesar de todas las tensiones, las relaciones diplomáticas con su vecino del otro lado del Jordán. Los países del Golfo, que han mostrado públicamente su condena de Israel, como es habitual, han tardado el tiempo necesario para que Hamás quedase en una posición de gran debilidad militar. Bolivia rompió relaciones diplomáticas con Israel y Venezuela expulsó al embajador mientras Qatar y Mauritania congelaban sus relaciones con Jerusalén.

Entre tanto, la Unión Europea ha cambiado de Presidencia mientras Nicolás Sarkozy se ha esforzado en reconducir a través de la diplomacia un conflicto en el que España –a pesar de los viajes del Ministro Moratinos- no ha tenido peso ni influencia. aunque ha habido reacciones de indignación, nadie parece muy preocupado por lo que piensen en La Moncloa. Mejor así porque en España las declaraciones del Presidente del Gobierno han sido tan desafortunadas como injustas. Por eso, no hay que esperar demasiado de la presencia del Sr. Rodríguez Zapatero en Sharm el Sheik: ha pedido más compromiso en Oriente Medio ¡a los Estados Unidos! Ni tiene el prestigio que ha de tener un mediador ni ha sabido mantener una posición ecuánime. La diplomacia española, una vez más, ha sido víctima de una ligereza del Presidente. Mientras tanto, la diplomacia europea deberá estudiar cómo contribuir a la reconstrucción de la zona mientras garantiza el fin de los ataques contra el sur de Israel. Hamás ha condicionado el mantenimiento del alto el fuego a que las tropas israelíes se retiren de la Franja; pide algo que Israel ya ha ordenado: el mando israelí siempre dejó claro que el objetivo no incluía la ocupación del territorio. Así, Hamás trata de conseguir una victoria aparente que contrarreste una derrota real y sin paliativos.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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