Miguel Pizarro, docente ejemplar y hombre de pro
lunes 19 de enero de 2009, 22:08h
Se publicó hace poco por la Universidad Nacional de Osaka (Japón) la versión japonesa del libro “Poesía y teatro” del poeta y escritor español Miguel Pizarro Zambrano (1897-1956), acompañado de un artículo introductorio a su vida y obra escrito por su hija Águeda Pizarro y del Prólogo de Jorge Guillén. La traducción fue llevada a cabo por tres catedráticos de la Universidad Nacional de Osaka –Hidetarô Yoshida, Shôji Nakaoka y Kenji Horiuchi en colaboración-, destacados especialistas todos de las letras hispánicas. El libro contiene los versos de Miguel Pizarro sacados de la edición póstuma publicada en Málaga por Ediciones Meridiano en 1961 y una pieza teatral en verso titulada “Auto de los despatriados. Ensayo de drama lírico en un acto”
Miguel Pizarro nace en Alájar (Huelva) en 1897, termina la carrera de Filosofía en la Universidad de Granada y pertenece al círculo literario El Rinconcillo en el que conoce a Federico García Lorca, con quien mantendrá una amistad fiel y perdurable hasta su muerte. Es conocido que Lorca le tiene dedicados unos versos y le llama con un cariño especial “flecha sin blanco” refiriéndose a su espíritu inquieto de artista y a su constante peregrinaje por toda la geografía universal –Japón, Rumanía y Estados Unidos-. En 1922, para participar en los programas de difusión de la cultura española en el extranjero organizados por Américo Castro, deja su puesto de trabajo del periódico El Sol, decide desplazarse a Japón para ocupar la cátedra de español en la Escuela Oficial de Idiomas de Osaka (Japón) –la actual Facultad de Estudios Extranjeros de la Universidad Nacional de Osaka. Permanece unos once años en esta ciudad y se dedica con intensidad al trabajo docente que le granjeará la admiración de todos los alumnos a través del trato entrañable con ellos. Aprende japonés y estudia con interés la cultura japonesa en sus diversas facetas - la literatura, el arte, la religión etc. - y sobre todo se siente enormemente atraído por el arte escénico tradicional japonés –el Kabuki y el Noh- cuyo impacto cultural y artístico dejará unas huellas imborrables en sus posteriores creaciones literarias.
En cuanto a su pieza teatral “Auto de despatriados”, la influencia del arte escénico japonés es evidente como lo demuestran estas palabras preliminares que anteceden al texto de la obra:
“Me he valido en su composición de recursos y de formas dramáticas propias a los noh japoneses –por ejemplo el Coro- y de otras de nuestros autos viejos y farsas sacramentales.”
De todos modos , esta obra es un intento de exquisita síntesis y fusión de las dos culturas, de Oriente y de Occidente, y presenta un mundo de fantasía y de ilusión con un refinado sentido artístico de alta categoría.
Miguel Pizarro, simpatizante de las ideas republicanas, termina su vida de profesor errante en 1956 en Nueva York siendo un “despatriado” como bien declara el título de su obra teatral. ¿Quién, en la España desmemoriada de ahora, se acordará del nombre de esta simpática figura de “flecha sin blanco” que era Miguel Pizarro? Como pasa a la mayoría de los exliados de aquella época de fuertes turbulencias políticas y sociales, se ha prestado relativamente poca atención a su obra, a su vida y a su personalidad, que permanecen aún hoy día prácticamente en el olvido, salvo algunas publicaciones esporádicamente aparecidas.
El que firma el presente artículo, que estudió en las aulas de Osaka allá por los años sesenta las mismas donde había impartido sus clases nuestro poeta y dramaturgo unos treinta años atrás, no puede ocultar el sentimiento nostálgico de gratitud y de simpatía hacia este profesor errante por la fina tradición intelectual que supo crear y dejar para los que acudieron después y que siguen acudiendo aún hoy a las aulas de esta universidad japonesa de prestigio. También nuestra gratitud a la España intelectual de los años veinte que supo enviar al mundo entero a estos hombres de pro como mensajeros culturales de primerísima categoría para la difusión de su inestimable patrimonio cultural.
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Catedrático de la Dokkyo University
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