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Huntington y China

Eugenio Bregolat
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eugeniobregolatgmailcom/15/15/21
lunes 19 de enero de 2009, 23:46h
En la muerte de Samuel Huntinton, que reorientó el pensamiento geoestratégico con el concepto “conflicto de civilizaciones”, me parece relevante una acotación sobre China.

Durante las largas décadas de la guerra fría se estableció este paradigma: democracia igual a riqueza y libertad; socialismo igual a pobreza y dictadura. El fin del socialismo (el comunismo no fue más que una lejana esperanza) en Europa, así como el desmoronamiento del bloque socialista y de la URSS, parecieron confirmarlo. Sin embargo, cuando esto ocurría, veinte años atrás, ya estaba en marcha en China un proceso que había de rectificarlo. Un país que se sigue considerando socialista ha protagonizado las últimas tres décadas el proceso de desarrollo más espectacular de la historia universal, multiplicando por quince su PIB. Se podrá discutir si la economía china es o no es, hoy día, socialista. Es cierto que ha abandonado sus principios básicos, el monopolio de la propiedad pública de los medios de producción y la planificación centralizada, pero el estado sigue controlando la economía, con un sector público que produce en torno a un tercio del PIB, cuyo núcleo forman el centenar de empresas más importantes del país, incluida la banca.

Que en lo político China continúe siendo un estado autoritario no ha sido obstáculo para el desarrollo económico. La historia reciente ya ofrecía un buen número de ejemplos de economías de mercado no democráticas que lograron altas cotas de desarrollo económico: Singapur, Hong Kong, o, antes de su democratización, España, Chile, Taiwán o Corea del Sur.

Estados Unidos, y no solo ellos, se han empeñado en una catequesis democrática de China. Los neocons ya intentaron exportar la democracia a Irak y Oriente Medio. Huntington, consciente de que la democracia es el resultado de una evolución cultural compleja, escribía en 1997 en Política Exterior: “No creo que sea posible exportar la democracia. Pienso ciertamente que Estados Unidos puede y debe ofrecer apoyo limitado a los movimientos democráticos en otras sociedades. Pero esas sociedades se volverán democráticas solamente cuando dichos movimientos desarrollen un apoyo popular y esos pueblos sean capaces de llegar al poder y cambiar su sistema de gobierno”

Francis Fukuyama, cuya tesis, sobre el “fin de la historia” se vio refutada por la del “conflicto de civilizaciones”, coincidía en este punto con Huntington. En unas declaraciones a Newsweek, en septiembre pasado sostenía: “Siempre compartí el punto de vista marxista de que la democracia es un vasto proceso de modernización que se da en cada país. Los neocons creen que con el uso del poder político se puede forzar el ritmo del cambio, pero finalmente el cambio depende de que las sociedades lo hagan ellas mismas”.

¿Acabarán los efectos de la economía de mercado empujando a China hacia la democracia liberal? Esta es una pregunta que solo el tiempo podrá responder. Hoy por hoy el PCCH es partidario del “perfeccionamiento de la democracia socialista”, pero excluye la democracia liberal. China es ahora un país mucho más rico, educado, informado, abierto, plural y libre que en 1978, pero la sociedad China no ha vuelto a formular demandas masivas de democracia liberal desde los sucesos de Tiananmen, la primavera de 1989, pocos meses antes de la caída del muro de Berlín.

En otro plano, Huntington consideraba que China restablecería su tradicional hegemonía regional sobre Corea y Vietnam, lo que no sería aceptable para Estados Unidos y podría llevar al conflicto entre ambos. China rechaza que su reemergencia deba verse bajo el prisma del “conflicto de civilizaciones”, al que opone el concepto de “desarrollo pacífico”, que encaja con la doctrina española de “alianza de civilizaciones”. Nadie conoce el futuro, pero es obvio que el conflicto no es inevitable. La propia emergencia de Estados Unidos como gran potencia ofrece un ejemplo. Estados Unidos tuvo guerras con Méjico y España el siglo XIX, pero se convirtió en verdadera gran potencia, ya en el siglo XX, sin agredir a nadie. Ciertamente gracias a las dos guerras mundiales, en las que los europeos se desangraron, poniéndole el mundo en bandeja, pero fueron guerras que Estados Unidos no provocó. Fue sobre la base de su enorme capacidad económica que Estados Unidos se convirtió en una gran potencia. China sigue la misma vía con su espectacular proceso de desarrollo.

Eugenio Bregolat

Ex-embajador de España en China y Rusia

Eugenio Bregolat Obiols es embajador de España en el Principado de Andorra.

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