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Obama nos lo pone negro

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
martes 20 de enero de 2009, 19:35h
Lo normal en una ceremonia alegre de posesión de la Presidencia de Estados Unidos es apelar a un futuro mejor y pasar de puntillas sobre los problemas inmediatos. Pero, si dividimos el primer discurso presidencial de Obama entre la descarnada descripción de la situación de su país y la esperanza para superarla, ha ganado la primera. Obama nos ha pintado un panorama muy, pero que muy oscuro. Casi negro. Amenazas económicas interiores, amenazas bélico-terroristas exteriores, amenazas nucleares irresueltas, amenazas climáticas. Hambre, escasez de recursos, expolio, enfermedad.

Su intervención inaugural ha sido mucho más de terapia de choque que de seguridad en el futuro. Más bien ha venido a decir: este país ha superado muchas dificultades en el pasado... por lo tanto, las superará en el futuro. ¿Cómo? Con el compromiso ciudadano, la solidaridad con los desfavorecidos, el ostracismo de los "cínicos" que se han aprovechado del Mercado. Y con el aliento de los Padres Fundadores y, por supuesto, la ayuda de Dios.

Y todo ello sin olvidar que Estados Unidos está dispuesto a responder implacablemente a las amenazas, aunque a Obama le guste la paz. Si la hay, estupendo. En caso contrario, la estaca. Ojito a Irán y a Pakistán. Y que no sueñen con la genuflexión americana en Irak o Afganistán.

Este Obama es ya presidente, y no candidato. Sus principales armas están claras: la devolución de la confianza a su pueblo, pero también, la firmeza ante el mundo, porque este brillante universitario sabe perfectamente que si Estados Unidos tiende ahora ramitas de olivo, se lo comen por los pies. Y sabe que el gran Imperio yanqui tiene futuro en tanto que sepa conservar su hegemonía: la bélica, la tecnológica y, por qué no, la económica.

Obama ya ha ofrecido a los progres del mundo su receta: diálogo o palo, consolidación racional del sistema capitalista que ha hecho grande a los Estados Unidos, recuperación de su potencial productivo y de su capital humano y, por supuesto, pocas concesiones ante quienes pongan en duda la misión divina de la que la gran democracia es acreedora. Para Obama, como lo fue para Bush.

Obama ha sido recibido como la gran esperanza de cambio y, a lo que parece, mal no le va a venir a los Estados Unidos. Respecto a los demás, nos irá bien mientras aceptemos ese liderazgo, y no nos riamos de lo mal que lo pasan los ricos.

Porque Obama tiene razón. A poco que nos descuidemos, la tremenda potencia despegará, mientras Europa toca el laúd, y no digamos la España de Zapatero. Con él, quizá lo haga antes, pues aporta el elemento psicológico de renovación y cambio. Incluso de reclamo para incorporar al sistema a las minorías raciales de la que es lógico portavoz. Pero lo haría con cualquiera. Por eso, Obama, que de tonto no tiene un pelo, nos ha pintado ese negro paisaje. Ya está preparando su siguiente y última reelección. Es lo que tiene Estados Unidos. Encuentran a un mirlo blanco y sólo le dejan ocho años. Nosotros ahí les ganamos de calle. Zapatero puede hacer mucho bien a la Patria durante cuatro o cinco lustros, como Chaves (el andaluz o el venezolano, que tanto da).

De momento, Obama ya ocupa la peana de los santos laicos en el imaginario de la izquierda europea. Pero, curiosamente, a esa izquierda no le dedicó el nuevo presidente ni un miserable guiño, sino, más bien, lo contrario, al poner al pastor Warren, claro detractor de los matrimonios homosexuales, en la lectura de la plegaria presidencial.

Da la impresión de que esa progresía que tan poco entiende la raíz impulsora de la potencia americana va a sufrir algunas decepciones cada vez que Obama pase de un bonito discurso a una orden ejecutiva. Porque el 44º presidente de Estados Unidos de América quiere que el mundo vaya bien, que la gente sea más feliz y todo eso. Pero cree firmemente que todo ello pasa porque a Estados Unidos le vaya bien. Y, en caso de duda, ya se imaginan por qué apostaría Obama: por los héroes de Gettysburg o de Normandía, de Irak o de Afganistán. Lo dijo bien clarito. Y, visto desapasionadamente por no ser votante americano, como Zapatero, pues tiene razón, el hombre.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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