Sobre la Libertad de Expresión y la construcción de la Democracia
martes 20 de enero de 2009, 23:40h
La construcción de la democracia moderna no puede limitarse a la discusión dicotómica entre la clásica democracia representativa, en la cual los individuos trasladan a los representantes electos por vía de la regla de la mayoría su capacidad para participar en la toma de decisiones públicas, y la democracia participativa de corte republicano en la cual la realización del individuo está asociada a la actuación de los sujetos particulares en las actividades públicas. En nuestro criterio, la definición de la democracia debe estar referida a la apertura de espacios para la deliberación pública de las ideas y la consideración de puntos de vista diversos en los procesos de toma de decisiones. Es a través de la discusión pública como las decisiones se validan, y se legitiman los procesos de implementación correspondientes a las mismas. Esto requiere que los sujetos que participan en la discusión pública estén comprometidos con la búsqueda del mejor argumento y estén dispuestos a deponer su propia argumentación cuando se pone de manifiesto que existe una que sea más contundente y mejor estructurada que la que ellos mismos han planteado.
De igual manera, se hace imprescindible que todos los interesados tengan la oportunidad de participar en la discusión; que las diversas posturas que se planteen sean toleradas de manera amplia y no generen represalias por quienes las contradicen; que la construcción de las soluciones que se vayan estableciendo favorezcan los intereses colectivos sin dañar en exceso los intereses individuales de los diferentes sujetos; que las minorías sean respetadas y protegidas; que las reglas que regulan las discusión tengan un carácter imparcial y que los ganadores y los perdedores de los diversos procesos de deliberación no sean siempre los mismos.
Este inicio de siglo se nos plantea entre dos planteamientos dicotómicos: la profundización de la democracia, por una parte, y la tentación autoritaria, por la otra. El Totalitarismo de nuevo cuño que se impone en algunas latitudes nos coloca frente a regímenes que buscan privatizar lo público, imponiendo los valores de la clase política, secuestrando el ámbito de funcionamiento de la sociedad y socavando la estructura protectora representada por el Estado de Derecho. Reflexionar sobre estos temas desde Venezuela, nos coloca frente a la angustia de observar como se va minando de manera sistemática el funcionamiento de los mecanismos de protección de los derechos individuales y, por consiguiente, las libertades ciudadanas; se secuestra la discusión pública en un intento por imponer el pensamiento único y se intenta imponer la revolución como el camino para la felicidad colectiva sin haber consultado a los ciudadanos el contenido de sus intereses, ni evaluado sus sistemas de preferencias.
Garantizar el funcionamiento de la Democracia y su reproducción en el largo plazo, pasa por salvaguardar desde la Sociedad la existencia de medios y espacios para la discusión pública, para la permanencia de voces diversas, para la crítica permanente, para la construcción de lo común. No podemos callarnos, siendo que callarnos es equivalente a perdernos.