Continúa el ruido de togas
miércoles 21 de enero de 2009, 02:02h
Ante la perspectiva de que jueces de toda España secundasen una huelga completamente inédita, han saltado todas la alarmas. Las propias asociaciones de jueces, unidas en la protesta, han empezado a enfriar el tono de su discurso, apuntando a una jornada de protesta, pero dejando en un intencionado segundo plano todo lo que tenga que ver con una jornada de paro en la Justicia. Bastante parada está ya y es precisamente ésta una de las causas del descontento judicial. No viene de ahora. Los males de la administración de Justicia se remontan a muchos años atrás. Una endémica falta de medios humanos y materiales ha devenido en el caos actual. A lo que hay que añadir el número de causas judiciales abiertas de un tiempo a esta parte. Son cada vez más, fruto del ejercicio de derechos y libertades que ciudadanos e instituciones llevan a cabo.
Hasta el ministro del ramo, Mariano Fernández Bermejo, ha tenido -obligado, eso sí- que suavizar sus formas y reconocer que parte de las reivindicaciones de los jueces son "asumibles". El Ministro, que había intentado echar a la opinión pública sobre ellos, acusándoles de circunscribir los motivos de su protesta a un mero incremento salarial, ha visto lo endeble de su argumento. Y es que el hecho de que todos lo jueces se unan es algo digno de tenerse en consideración. Les apoyan partidos políticos, organizaciones sociales, e incluso la totalidad de sindicatos y agrupaciones policiales que, a fin de cuentas, también están relacionados -y de qué manera- con la administración de Justicia. Todo lo cual lleva a una conclusión evidente: la situación de la Justicia en España no es buena y sus profesionales tienen todo el derecho del mundo en clamar contra ello. Haciéndolo, intentan conseguir una Justicia mejor, que es lo que merece el ciudadano. La propia Constitución Española en su artículo 24 consagra el derecho a "una tutela judicial efectiva". Pero de ahí a hacer una huelga media un abismo. Los jueces forman parte de uno de los poderes del Estado, el Judicial. El Estado no puede parar. Y si alguno de sus poderes lo hace, el Estado se para. Y eso es inconcebible. Hay muchas formas de llevar a cabo una reivindicación. La cual, muchas veces, por justa que sea, pierde su razón de ser cuando se hace de modo inadecuado. Ojalá en esta ocasión se hagan las cosas bien. Va la Justicia en ello. Nada menos.