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¿Tierra de nadie?

domingo 25 de enero de 2009, 17:39h
Un viaje por México, digamos incluso uno superficial, sin observar realmente ni conversar con la gente local, nos puede hacer pensar que las cosas no están muy bien, que la situación lejos de mejorar, ha empeorado. Nadie cree de verdad que la situación mejore.

En lugares de la Ciudad de México se pueden observar anuncios en vallas publicitarias del Partido Verde, por irónico o contradictorio que parezca, a favor de la implantación de la pena de muerte para secuestradores y homicidas. En un país donde esta pena fue erradicada, y que en muchas décadas no se practicó, la discusión refleja no tanto una posibilidad real de reformar las leyes, sino la angustia, decepción y rabia de sus ciudadanos. El gran incremento de la delincuencia, la complicidad de funcionarios públicos y la impunidad, han provocado un sentimiento de desencanto, de frustración y resentimiento.

Algunas personas piensan sobre México como un estado fallido, sin solución aparente. Pareciera que la ley de la jungla se impusiera sobre el estado de derecho, sobre un país de leyes y el cumplimiento de éstas. La capital mexicana no tiene mucho que envidiar al resto del país en cuanto a seguridad, tranquilidad y prosperidad. Los secuestros y robos no son exclusivos de la metrópoli. Los enfrentamientos entre cárteles de la droga, y de éstos con autoridades son cada vez más comunes, más extendidos y visibles. En estados como Jalisco, Michoacán o Nayarit, se ha vuelto usual pasar por controles militares en las carreteras, escuchar helicópteros de la policía federal buscando narcotraficantes o transporte de armas.

Las protestas de sindicatos, de asociaciones sociales y de la población civil en general, no han obtenido respuestas. Los conflictos sociales, aunados a la crisis económica, contribuyen a una cultura de violencia y resentimiento. En el estado de Oaxaca, las causas que condujeron a los enfrentamientos en 2006 y 2007 de la APPO y otras organizaciones con los gobiernos estatal y federal, no han sido resueltas. Se puede caminar por la ciudad de Oaxaca y ser un turista, pero algunas cosas han cambiado. Hoteles y comercios han cerrado; los que sobreviven lo hacen malamente, no cuentan con la clientela que solían tener y prevén una posible quiebra. El paquete de ayuda económica para los comerciantes de Oaxaca después de los conflictos, no llegó a los pequeños establecimientos. Al conversar con estos comerciantes se percibe la rabia y la desaprobación al gobierno.

Debajo de la superficie las aguas no están en calma. México parece un géiser político a punto de mostrar la mayor explosión de los últimos ochenta años de su historia.

Hebe Cue

Interna- cionalista

HEBE CUE es investigadora del Instituto Universitario Ortega y Gasset y experta en Relaciones Internacionales

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