Aló presidente: la realidad llama a la puerta
martes 27 de enero de 2009, 01:01h
Que Zapatero es capaz de mantener su discurso inalterado con independencia de los acontecimientos era algo ya sabido. Ayer por la noche, en su intervención televisiva, volvió a dar muestras de ello. El formato del programa permitía que un buen número de ciudadanos formulase sus preguntas al presidente del Gobierno, y como era de esperar, la mayor parte de ellas tuvieron contenido económico. La gente mostró una impaciencia abrumadora, necesidad de respuestas concretas a preguntas directas. Por respuesta, una declaración de buenas intenciones y mejores palabras con una utilidad práctica más bien escasa. Hablar de la economía como “un estado de ánimo” ante la situación de pesimismo generalizado no se antoja una definición adecuada…o tal vez sí. Por eso, acertó de pleno un ciudadano que evidenció la buena calidad del discurso del presidente, pero su distancia de la realidad.
En todo caso, Zapatero procuró alabar las bondades de sus iniciativas ante la crisis, y presentar un escenario en el que lo más destacable era su intención de que el optimismo a ultranza fuera la nota destacada. La única nota positiva puede ser la voluntad de invertir en cultura, educación y tecnología: sin embargo, para realizar estos buenos propósitos, hace falta una política económica distinta, medidas que se preocupen de invertir en el capital humano, mientras repartir 400 euros no soluciona la crisis.
Las interpelaciones que le hicieron no fueron precisamente duras. Eso sí, ante las intervenciones que le reprochaban su negación de la crisis o sus sueños de pleno empleo, se percibía en Zapatero que, tras su florido discurso había poco de donde sacar. Y no será por que no tenga a quien recurrir, ya que como él mismo reconoció, contaba con 77 asesores en Moncloa. Que ninguno de ellos previese lo que iba a acontecer es preocupante. También lo es que se siga culpando de los males de la economía española a Estados Unidos. Pero lo es más aún la postura del presidente del Gobierno, con una actitud poco menos que despreocupada ante la que está cayendo, sin estar dispuesto a que la realidad estropee su mundo de fantasía. A pesar de que la última pregunta estaba hecha para que Zapatero pudiese lucirse y volver a la retórica sobre cómo salir de la crisis y salvar al país, ha sorprendido la discrepancia entre la retorica del presidente y la realidad que se vive en España en la actualidad. El problema es que esa realidad, para desgracia de muchos hogares españoles, existe. Y las buenas palabras no pagan las hipotecas.