La primera lección de Obama
martes 27 de enero de 2009, 23:51h
Es importante en la vida tener los ojos bien abiertos y, sobre todo, estar predispuestos a aprehender las enseñanzas más sutiles, y tal vez las más importantes, de los acontecimientos históricos. Mucho se ha escrito sobre el, podemos denominar, fenómeno Obama en estos últimos meses, pero a mí entender, sin ninguna duda, la gran aportación del acontecimiento Obama, por el momento, es que en la historia nada está escrito y las cosas, por imposible que parezca en su tiempo presente, en el futuro pueden cambiar.
Esta enseñanza de lo abierto de la libertad del hombre, de que el esfuerzo, la determinación y el trabajo bien hecho llegan a dar su fruto, es para mí la primera gran lección del primer Presidente negro de los Estados Unidos de América. De la lucha de Martin Luther King a finales de los cincuenta, a la conquista del máximo poder político por Obama, sólo hay medio siglo. ¿Alguien en la América de los años cincuenta podría haber considerado posible esta, hoy, realidad?
La Historia del ser humano nos enseña que las cosas pueden cambiar. La diferencia, por ejemplo, entre el monarca español Carlos I y nuestro Juan Carlos I muestra cómo una institución milenaria como la monarquía, ha experimentado un cambio inimaginable para un español del siglo XVI, al que le dijéramos que el futuro Rey de España no tendría ningún poder político. Piensen también en la esclavitud, base de la economía durante milenios, abolida por Constantino en el 313 d. C.; o en el papel de la mujer en la sociedad, ha tenido que pasar casi toda la historia de la humanidad, para que en estos últimos decenios se dé un cambio realmente significativo.
Decía Ortega y Gasset que “sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos”, aquí radica la esencia de la libertad profunda del ser humano, su compromiso, su proyecto de vida. Sin complejos, con determinación, Obama ha iniciado una nueva etapa para los Estados Unidos y también para el resto del planeta. Cuantos más creamos -con coherencia y responsabilidad-, en este profundo tiempo de crisis global, que con trabajo, generosidad, inteligencia y valentía podemos alcanzar grandes empresas para este nuevo milenio, estoy convencido de que la historia nos deparará gratas sorpresas, como la que Estados Unidos ya nos ha regalado.
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Catedrático de Derecho de la URJC
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