El liberalismo, a la escucha
miércoles 28 de enero de 2009, 00:16h
Desde hace tiempo sospechábamos que la palabra “liberalismo” no era para algunos dirigentes del PP sino un término con poderes taumatúrgicos con los que encubrir sus ansias de poder. Más que Locke o Adam Smith o Hayek o Berlin, Maquiavelo se ha convertido en su autor de cabecera. El poder no es necesariamente malo en política y desde El príncipe sabemos que conseguirlo, conservarlo y acrecentarlo es la misión fundamental de todo político, pero las formas maquiavélicas no parecen cuadrar bien con el liberalismo y, de hecho, es significativo que sean los republicanos comunitaristas los que toman al florentino como referencia frente a los liberales, que prefieren otras. El tristemente desaparecido Rafael del Águila (vaya desde aquí mi sincero homenaje) nos lo ha contado en varios libros y artículos estupendos, pero su recomendación en uno de sus últimos y más enjundiosos ensayos, Sócrates furioso, era injertar a “Sócrates en Maquiavelo” para moderar el maquiavelismo de éste.
Cuando algunos dirigentes del PP hablan de libertad parecen pensar sólo en la libertad de mercado, interpretada al modo de los neocon americanos que han llevado a Estados Unidos a la crisis más seria desde la Segunda Guerra Mundial. Supongo que muy a pesar de ellos, de los neocon, sus ideas libertarias (más que liberales) en economía han conseguido justo lo contrario de lo que buscaban: han traído la mayor intervención pública de la historia en la economía estadounidense por parte de un presidente, Bush, que representaba sus intereses. Sí, sí, ya sé que algunos jóvenes dirigentes del PP empiezan a matizar que los neocon no eran liberales y que el liberalismo es otra cosa muy distinta, pero hace años se les veía de la mano en proyectos transatlánticos, que tuvieron alguna enjundia. Por cierto, que aquellos proyectos no eran del todo baldíos y la parte positiva de los mismos (la importancia de la relación transatlántica) no vendría mal que la recuperara el actual Gobierno español si consigue establecer unas relaciones diplomáticas más amistosas con el actual Gobierno Obama.
El liberalismo es mucho más que la libertad de mercado, que también es muy importante y que convendría garantizar precisamente por medio de la regulación estatal y supraestatal de los mecanismos del propio mercado, sin entrecorsetarlo, porque ahora corremos el riesgo de que el retroceso del culatazo del disparatado disparo neocon nos haga retroceder a fórmulas estatalistas de gestión económica. Decía que el liberalismo es mucho más que la libertad de mercado y convendría que a los que se les llena la boca con esta palabra leyeran las principales declaraciones de derechos individuales y políticos que del siglo XVIII a esta fecha se han publicado, empezando por la Declaración de independencia de Estados Unidos y siguiendo por la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, de la Revolución Francesa.
La libertad de conciencia, la libertad de pensamiento, la libertad de expresión, la libertad de movimiento, el derecho a la intimidad y al honor, la inviolabilidad de la persona y del domicilio, la libertad de expresión y el imperio de ley, además del derecho a la vida, entre otros derechos y libertades fundamentales, están en la base de la ideología liberal. Si algunos de estos derechos y libertades se vulneran por simples juegos de poder, y se sigue o se escucha a las personas sin su consentimiento y sin autorización judicial para llevar a cabo estas actividades, se están vulnerando los principios esenciales del liberalismo y mal se puede autodenominar liberal quién así actúa.
Si las informaciones periodísticas que se vienen publicando sobre la supuesta o supuestas tramas de espionaje montadas al margen de la ley para obtener por modos ilícitos información comprometedora de determinados políticos del PP son ciertas, y hay indicios para pensar que lo son porque se han publicado pruebas documentales evidentes, el hecho es lo suficientemente grave como para que se depuren todas las responsabilidades penales, civiles y políticas que de estas actuaciones delictivas se deriven, tanto por acción como por omisión.
En España tenemos una gran facilidad para poner el ojo en lo accesorio y olvidar lo principal. Seguro que dentro de unos días nuestras conversaciones se centran en los cotilleos sobre a dónde iba cada político espiado y con quién, pero lo importante de estas supuestas tramas de espionaje no es lo que espiaran, no es la información que obtuvieran y que puede ser fuente para investigar posibles delitos -lo que habrá que hacer judicialmente también-, lo importante es que pone en cuestión los principios esenciales de nuestro Estado de Derecho, de nuestro Estado constitucional precisamente por parte de aquellos que deberían ser sus principales valedores. Es de esperar que algo tan grave no quede en agua de borrajas sino que el fango en el que algunos se han enfangado sirva para ahogar sus carreras políticas.
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Profesor de Historia del Pensamiento Político
JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.
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