El cierre de Guantánamo
miércoles 28 de enero de 2009, 01:22h
Barak Obama ha empezado su andadura al frente de la Casa Blanca con una serie de decisiones que dejan patentes las diferencias de criterio con su antecesor en el cargo, George W. Bush. Entre ellas, destaca el anuncio de cerrar la prisión de Guantánamo, junto con la prohibición de la tortura y la clausura de los centros de detención ilegal de la CIA. Consciente de las complejidades que tal decisión entraña, Obama se ha marcado el plazo de un año para llevar a cabo su propósito. Y eso supone un acierto doble.
Por un lado, refuerza la posición moral de Estados Unidos ante el terrorismo. Casos como el de un adolescente canadiense de 15 años preso en Guantánamo no son un buen referente ético. Al mismo tiempo, las condiciones en que malviven los presos y las técnicas de interrogatorio empleadas ensombrecen notablemente las razones -por lo demás, muy sólidas- que pudiera tener la administración norteamericana a la hora de encerrarlos allí. Precisamente por su condición de peligrosos y fanáticos han de ser tratados de acuerdo a las normas más elementales de convivencia, esas que ellos ignoran. No haciéndolo, la administración Bush daba un balón de oxigeno a aquellos que equiparaban los métodos de Al Qaeda con las condiciones de detención en Guantánamo. También las torturas y vejaciones de la cárcel iraquí de Abu Grahib hicieron un flaco favor a la imagen norteamericana, y es precisamente lo que quiere evitar Obama.
Por otro lado, el darse un año entero para completar el compromiso supone dar un plazo razonable para que las cosas se hagan bien, sin precipitaciones. Entre medias, habrá que decidir qué se hace con los presos, dónde se les va a trasladar y cuál será su situación jurídica. Al menos, ahora dejarán de estar en ese limbo legal que era Guantánamo, y al menos tendrán la posibilidad de ser nuevamente titulares de una serie de derechos que nunca debieron perder, por muy graves que fueran sus delitos. Eso es precisamente lo que diferencia al Estado de Derecho del terrorismo y ahí quiere incidir especialmente Obama. Porque el Presidente americano no busca parapetarse en la defensa de los derechos para camuflarse tras una política del avestruz, como hacen algunos políticos europeos. Al contrario: es en el respeto a los derechos de donde cree poder derivar más fortaleza a la hora de luchar contra los enemigos de la libertad. Que no son pocos.