Váyase Señor Rajoy
miércoles 28 de enero de 2009, 23:08h
Las famosas palabras con las que Aznar vaticinó la estrepitosa caída de González suenan más fuertes que nunca en mi mente. Anhelo oírlas de nuevo, pero dirigidas a otro. Con qué urgencia debería Aznar repetir con la misma vehemencia que en aquél lejano entonces esas palabras pero con una leve variante: ‘Váyase señor Rajoy, ¡váyase por su madre si no quiere llevarnos a todos a la perdición!’ ¡Qué infeliz resultó ser la elección de heredero de Aznar! A este paso volverá a ganar Largo Zapatero las elecciones, y eso significará, en el mejor de los casos, el desastre económico; en el peor de los casos, el fin de España. Ya casi ningún votante quiere a Rajoy, no está haciendo las cosas como un hombre; no es que sufra de falta de inteligencia (aunque la emocional habría que chequeársela), o de capacidad para gobernar un país –seguro que lo haría de miedo si consiguiera la oportunidad de mostrar sus dotes –, pero no tiene carisma, y no es un guerrero; es un hombre que se muestra educado hasta decir basta, con los canallas no puede uno ser educado, no se le dan palmaditas en la espalda, sino un buen puñetazo que los deje K.O. Rajoy es un blando, y su problema (hablando en plata y en el español de los machos ibéricos) es que le faltan un buen par de cojones. Cuando uno lleva perdidos en el póker el coche y la casa en la playa, es hora de dejar la mesa e irse, ¡por dios! ¿qué va a jugarse también el chalet y a la esposa? Si a uno no lo quieren ya en la fiesta, y si uno tiene inteligencia e intuición, se marcha a la francesa, con elegancia, ¿o es que tienen que terminar tirándole los platos, las copas y los tenedores a la cabeza para que comprenda que no es un invitado deseado? ¡Y a mí que me caía bien este hombre! Parecía tan inteligente, tan sensato, tan down to earth como dirían los amigos los americanos. ¿Qué pasó? ¿Se volvió loco con el poder y la fama? ¿Se quedó ciego y sordo? ¿Sufre de delirios que le impiden percatarse de la realidad circundante? ¿O es que hay facciones en el partido que lo manejan como a un pelele, cuando el pobre hombre lo único que quiere es irse a casa con su familia y que lo dejen en paz de una puñetera vez pero no se atreve? Algo está podrido en el reino de Dinamarca y yo ya no entiendo nada. Deje el timón señor Rajoy, coja el bote y váyase remando a una isla tropical, ¿no ve que lleva el barco directo hacia ese iceberg de ahí enfrente? Deje el timón, déselo a Rato, a Aguirre, a Gallardón, ¡a quién sea! Pero por piedad déselo a otro, si no, terminaremos todos con mierda hasta el cuello –en el mejor de los casos –, y en el peor, enterrados en heces y asfixiados por ella. ¡Qué terrible fin, señor, qué terrible fin!