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El Evangelio de Judas

miércoles 28 de enero de 2009, 23:15h
Hace poco menos de dos años, National Geographic publicitaba a bombo y platillo un supuesto descubrimiento que resquebrajaría los cimientos del cristianismo. Nada menos que “el Evangelio de Judas”, el cual, según sus palabras, había sido hallado recientemente. Muchos incautos -entre los que me encuentro, lo reconozco- se hicieron con uno de los ejemplares de la revista, que por supuesto se agotó a los pocos días. Y, en honor a la verdad, la decepción fue pareja a la expectativa creada. En este mundo dominado por el marketing, National Geographic volvió a salirse con la suya. Mucho ruido y pocas nueces. Poquísimas.

¿Qué hay de cierto en todo ello? Es verdad que existe un “Evangelio de Judas”, pero su descubrimiento no se produjo en fechas recientes, sino a finales de los años 70. Mucho antes, allá por el siglo II, San Ireneo ya hablaba del texto en cuestión. El insigne teólogo no hablaba precisamente bien de lo que consideraba desvaríos de una secta gnóstica que respondía al nombre de “cainitas”. En la citada obra se retrataba a Judas como el discípulo favorito de Jesús, a quien entregó según un plan preconcebido entre ambos. Con todo, el Evangelio de Judas no es sino uno de los más de 50 “evangelios apócrifos” que existen como tales. Tienen esa condición los que no son reconocidos por la Iglesia, que cifra en número de 27 los “libros sagrados” que componen el Nuevo Testamento. Así, el Protoevangelio de Tomás, los Manuscritos de Nag Hammadi y tantos otros no son sino documentos con valor más o menos histórico, pero no teológico.

¿Contradicen realmente en algo la doctrina oficial de la Iglesia los evangelios apócrifos? No parece que sea así, al menos los conocidos. Hay que tener en cuenta que uno de los criterios fundamentales a la hora de aceptarlos o no fue la veracidad de sus fuentes, y la solidez de sus argumentos. Así fueron rechazados muchos de ellos, simples traducciones de comunidades gnósticas que eran a su vez copia de otras tantas, sin rigor histórico alguno. ¿Y Judas? La iconografía cristiana lo ha presentado siempre como arquetipo de traidor; expresiones como la de referirnos al dinero como “vil metal” provienen de su acto de traición. Con todo, Judas sí debió de ser un discípulo de cierta importancia. Y debía de tener la cabeza bien amueblada -pese a lo que hiciera después-. No en vano, era el responsable de las finanzas del grupo. Por eso, es chocante el relato evangélico según el cual entregó a Jesús por 30 monedas de plata; siclos, para más señas. El siclo no era entonces una moneda de excesivo valor. Así, resulta extraño que un hombre como Judas, acostumbrado a manejar dinero, entregase a alguien tan valioso por una suma tan aparentemente baja. El sabría. Por cierto, que la moneda en cuestión sigue siendo actualmente de curso legal. Y en la misma zona. La moneda de Israel es el shequel, que proviene del antiguo siclo. Por lo visto, algunas cosas no cambian, por mucho tiempo que pase.
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