La otra cara de la nostalgia
sábado 31 de enero de 2009, 02:00h
Tras una larga pausa de 23 años, Cuba y Rusia vuelven a aproximar objetivos a través de una iniciativa diplomática que pretende retomar las relaciones entre dos países que, en tiempos de la URSS, por razones de carácter ideológico y político siempre se habían entendido.
Con todo, la simpatía que el gobierno de Dmitri Medvédev siente hacia el castrista va más allá del referente histórico comunista, ya que si bien la variable de la “historia” asume un papel protagónico en el idílico encuentro entre el mandatario ruso y Raúl Castro, lo cierto es que la visita, que ha tenido como objetivo reforzar las relaciones “estratégicas” entre ambos estados, presenta matices mucho más pragmáticos que románticos.
No es una novedad que Rusia, uno de los colosos del la industria energética mundial, le tiene el ojo puesto a América Latina y al Caribe desde hace mucho tiempo. La gira que Medvédev llevó a cabo en noviembre pasado por Brasil, Venezuela y Cuba, demuestra que el país euroasiático busca más que un acercamiento con los Estados “hermanos”.
El periplo latinoamericano le dio la posibilidad al presidente ruso de explorar los yacimientos energéticos de la región. Una región que por décadas se convirtió en un proyecto casi imposible para la Madre Rusia y que ahora es toda una realidad, gracias a los convenios bilaterales de cooperación científica, financiera y militar, firmados con Venezuela y, más recientemente, Cuba.
Sin embargo, las imágenes que congelan los apretones de manos entre Raúl Castro y Dmitri Medvédev van más allá de la agridulce nostalgia que genera el reencuentro de dos naciones que hace dos décadas eran aliadas incondicionales y que, por giros de la historia, se reúnen ahora con la altruista intención de “cooperar” y reforzar lazos “estratégicos”. Lo que realmente mueve a Rusia hacia América Latina se halla debajo del suelo y tiene también un fondo geoestratégico para una superpotencia que regresa al tablero internacional como jugador principal.