Resultados y fortaleza financiera
sábado 31 de enero de 2009, 22:17h
Que vivimos una crisis económica no se le escapa a nadie. Decir que tiene un eminente componente financiero resulta a estas alturas una obviedad muy poco a propósito. Observamos que los bancos y las cajas españolas están sufriendo en sus cuentas las primeras embestidas de la crisis. Acaso las que más duelen, si bien no necesariamente las más dañinas. Pero si se observa el comportamiento de nuestras entidades y se compara con el que predomina en otros sistemas financieros, resalta que los grandes bancos y cajas españolas están capeando el temporal financiero con mucha mayor solidez, aunque no sin problemas.
Las razones son claras, y las han expuesto con suficiencia los analistas. El sistema financiero español sufrió una penosa crisis en el cambio de la década de los 70' a los 80', lo que llevó al órgano regulador, el Banco de España, a cambiar las reglas del juego. Impuso a las entidades financieras unas reservas de carácter anticíclico que en tiempos de crisis como este se ha revelado esencial. Y ha vigilado mucho las operaciones fuera de balance, que han caracterizado la crisis subprime en Estados Unidos y que aquí se han evitado.
Pero el cambio en la regulación no habría sido tan efectivo (digámoslo sin que con ello se den por salvadas sus grandes carencias) si no hubiera sido la propia industria de la intermediación financiera la que hubiera aprendido a mejorar, merced a la dura prueba de la experiencia fallida. La solvencia en la gestión y los altos rendimientos sobre los fondos propios dan prueba de que estamos ante varias de las mejores empresas del mundo financiero.
Santander, BBVA, La Caixa y Caja Madrid han dado cuenta de los resultados de el último ejercicio y son ciertamente notables. En los cuatro casos refrendan la gestión de sus equipos directivos. La obra social de una empresa consiste en generar beneficios, y no se exige de ellas otra cosa. Las cuatro han dado buena cuenta. Pero las cajas no los distribuyen entre accionistas y los emplean en obras que de otro modo quedarían sin cubrir. Esta labor, todo hay que decirlo, es excelsa y cuenta con la enorme ventaja de estar realizada desde el ámbito privado, por lo que está orientada a obtener resultados.
La turbulencia financiera no ha dado sus últimos coletazos y las entidades españolas, pese a partir de una posición mejor que otras, no están exentas de peligros. Pero los resultados de 2008 nos permiten ser moderadamente optimistas.