elecciones 9-M
Enfrentamiento Iglesia-Zapatero
lunes 11 de febrero de 2008, 13:50h
El mismo sábado también recogimos, en un cumplido reportaje, la posición de una parte, quizá mayoritaria, aunque en modo alguno unánime, de la jerarquía que percibe la ejecutoria del gobierno Zapatero como hostil. Fuentes próximas a la Conferencia Episcopal sostienen que la posición de la Iglesia siempre ha sido la misma respecto a determinada legislación: opuesta al divorcio, contraria a la ley del aborto y firme en la defensa de la enseñanza de la religión católica en las escuelas. Es un hecho, sin embargo, que la actitud de la Iglesia ha sido mucho más circunspecta con los gobiernos anteriores, incluido el de Felipe González. Sectores católicos consideran que la posición de la Iglesia derivó a un enfrentamiento como reacción a lo que una parte mayoritaria de la jerarquía interpreta como una ofensiva hostil del gobierno. Sobre todo, desde que Zapatero rehusó cambiar el término "matrimonio" por el de "unión" homosexual e introdujo los llamados "divorcios exprés" -cuya exposición de motivos algunos obispos interpretan como derecho al "repudio" y un paso más contra la institución familiar- la mayoría de la jerarquía cree sufrir "acoso" y hasta "persecución".
Sin embargo, en este debate y enfrentamiento, hay otros puntos de vista muy diferentes y variados de católicos, agnósticos y de otras confesiones religiosas, socialistas y populares. Por eso, en este rifi-rafe, las fuentes no son fáciles de explicitar. Demasiados lo perciben como un tema vidrioso que les puede estallar en las manos de la opinión, pasándoles una cuenta de sondeo indeseable. Además, este asunto corta a través de las líneas de partido. No son pocos los populares distanciados de un pronunciamiento que consideran, como mínimo, "imprudente" y que les perjudica, al estar fuera de tiempo político y lugar social.
Paralelamente, no es difícil encontrar socialistas muy "incómodos" con la deriva anti-clerical de Zapatero y con el hecho de haber resucitado un problema espinoso que todos pensaban amortizado por la Historia. Por eso, unos y otros, son muy reacios a hacer declaraciones públicas. De esta suerte si son pocos los políticos que piensan lo que dicen, aún son menos los que dicen lo que piensan. La confesión católica es también mayoritaria entre los votantes del PSOE, muy numerosa entre sus militantes y frecuente entre sus dirigentes. Entre estos, son legión quienes, como Ramón Jáuregui, consideran la deriva anti-clerical como un despropósito y un error. Pero aún son más quienes entienden que ha sido precisamente la actitud "integrista" y "extremista" de la Iglesia lo que ha proporcionado a Zapatero "la baza" y oportunidad del anticlericalismo. En esta línea, muchos socialistas, entre ellos no pocos que tienen escaso respeto y aprecio por las políticas radicales de Zapatero, se sienten "traicionados" por lo que consideran una actitud "partidista" y hostil de la jerarquía.Pero también se duelen de la respuesta de su propio partido y argumentan que según se acercan los comicios, la sobreactuación de sus dirigentes aprovechando la polémica llega a extremos "irritantes" tal y como señalan fuentes socialistas relacionadas con el ámbito económico. La apelación de la jerarquía a negociaciones y acuerdos con los terroristas como aduana del voto ha sido resentida de forma muy mayoritaria entre los socialistas. La acusación de negociar con el terrorismo ha producido, en el caso de la opinión no-nacionalista del País Vasco, un impacto que ha desbordado las líneas de partido. Para muchos vascos no nacionalistas, socialistas pero también populares, el recuerdo, todavía muy vivo, de tantos curas vascos en el origen y desarrollo de ETA y la actitud ambigua, cuando no favorable, de personalidades muy destacadas del obispado vasco en relación a la cultura del nacionalismo terrorista, ha hecho que el pronunciamiento de los obispos se perciba como una manifestación de hipocresía: “quienes no han tenido coraje evangélico para expulsar del Templo del Señor a los mercaderes de la violencia, mal pueden predicar a la Casa del Pueblo", aseveraba a este diario un sacerdote vasco no- nacionalista.
En esta misma línea -pero fuera ya del País Vasco- la reacción de la opinión no socialista ante el enfrentamiento que reseñamos ha sido plural y variada. Incluso entre los votantes, militantes y dirigentes del PP es imposible encontrar posturas unánimes. Más allá de la convicción de que el enfrentamiento con los obispos es un frente más abierto por un gobierno especialista en "meter líos y pelearse por todo y con todos" -como nos aseguraba un dirigente popular- no quieren llegar. Hay una incomodidad perceptible entre los populares a ser considerados como correa de transmisión de la Conferencia Episcopal y un deseo de evitar la acusación de pinza clerical-reaccionaria que les trajo su participación a río revuelto en determinadas manifestaciones. En este punto, no son pocos los profesionales del marketing popular que coinciden con sus homólogos socialistas: el pronunciamiento electoral y militante de los obispos fija el voto cautivo pero espanta al moderado y moviliza el de los rivales radicales. En suma -se comentaba entre populares en una reunión de la Comunidad de Madrid a la que asistió EL IMPARCIAL- "perdemos más que ganamos" -afirmación que, según ellos, debiera bastar para refutar la campaña de sus adversarios socialistas en el sentido de que la jerarquía y el PP son dos ejes del mismo vehículo actuando concertadamente. Quizá por ello, quieran pasar de este asunto vidrioso como de puntillas. El propio Mariano Rajoy casi ha esquivado el tema, limitándose a certificar la libertad de opinión de la Iglesia y a arrimar el ascua a su sardina al señalar que "mientras Zapatero se pelea con los obispos, sube el paro".
Resta lo más importante: la actitud de la sociedad civil. En este punto y hora, carecemos de sondeos sociológicos fiables, que se están elaborando y a los que este periódico tendrá acceso en su momento. Sin embargo -y la afirmación que sigue no va más allá de una hipótesis interesante pero aventurada- quizá la opinión de un profesor experto en la materia, y que, por otra parte, expresa el sentir quizá mayoritario del mundo académico, refleje, por una vez el de la calle; "se trata de un pulso entre políticos profesionales, vaticanistas y socialistas, que están velando armas para la confrontación que realmente les interesa (la pelea sobre la enseñanza de los colegios religiosos y de la religión); la gente 'pasa' porque le parecen conflictos, debates y fórmulas como de otra era geológica, del mundo trágico de los años Treinta que poquísimos recuerdan y aún menos son los que quieren recordarlo".