Revista de prensa: el arranque de una nueva era
Mariana Urquijo Reguera
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lacajadelostruenosyahooes/18/18/24
domingo 01 de febrero de 2009, 19:10h
En un día que se prometía histórico desde que Obama ganara las primarias demócratas y pusiera en el imaginario colectivo la posibilidad fáctica de convertirse en presidente de los Estados Unidos de América, todos abrimos ayer los periódicos esperando encontrar titulares, editoriales y opiniones, ellos también, históricos. Veamos cuán históricos han sido.
La cobertura mediática no está en cuestión, el despliegue de medios tampoco, ambos han sido fabulosos. Lo que hace histórico el periodismo en este momento es la audacia o prudencia con la que se interpretan los acontecimientos. Para ello, los periódicos de tirada nacional se han revestido de grandes nombres que hablan, comentan e interpretan los miles de detalles que se han producido a lo largo de los últimos días.
Pero, ¡cuan difícil es opinar y posicionarse ante el mensaje audaz y lleno de valor del presidente Obama!. Es difícil hasta hablar del fenómeno de esperanza y cambio que ha difundido y prometido el presidente número 44 de una de las aclamadas “democracias más viejas”. Y no es una cuestión que se dirima entre el optimista y el pesimista, ni entre el pro o contra (absoluta minoría en el mundo) Obama. Sino que se trata de haber entendido, comprendido, interiorizado el verdadero mensaje del primer líder indiscutible del siglo XXI. Se trata de haber hecho lo que ha hecho el pueblo norteamericano al poner su confianza en Barack, el líder, el soñador, el hombre, el estratega.
El que se posiciona a favor de Obama es el que cree en la fuerza de la imaginación para crear utopías hacia las que acercarse progresivamente, con audacia, valor, determinación y fe (si no en Dios, si en la potencia de los seres humanos, que saben soñar e ir en busca de sus sueños). Estar en contra es mantenerse en el consrvadurismo, en el gatopardismo, que no sabe apearse del poder, movido sólo por la propia ambición individual y sectorial (o sectaria) no quiere más que todo cambie para que siga igual, y eso es lo que Obama denigra.
Los titulares son claros. Con extractos de su discurso y frases altisonantes, todos relatan el cambio y el comienzo de “una nueva era”. Para empezar el cambio, el discurso de toma de posesión frente a los anteriores, como Jesús Hermida señala en El Mundo,da por terminado el sueño y empieza la realidad. Si el público quería seguir soñando se encontró en sus palabras una gran dosis de pragmatismo que ahora, cuando ya tiene el poder fáctico, acompaña a los sueños e ideales de este nuevo mesías contemporáneo. Comenta Hermida: “esperábamos un romance para recordar y nos han dado una batalla que pelear”.
El País, en portada destaca que “Obama promete una nueva era” y de la pluma de Carlos Mendo titula: “Y el verbo se hizo carne”, enfatizando la idea de la llegada a la factitcidad de la promesa de salvación. De salvación de un mundo sumido en el escepticismo y el relativismo, contra los que habló Obama.
Pero para todos, escépticos y esperanzados, habría que recordar las palabras de Saramago cuando Lula llegó a la presidencia de Brasil. Ante la euforia que entonces se desató, el utópico y crítico Saramago escribió que antes de desilusionarse con un político, después de haber depositado en él la esperanza de un país mejor, hay que preguntarse qué poder real tienen los políticos y los gobiernos frente a las grandes empresas y los hábitos contraídos por el sistema. Poder en cuanto al mundo, a la naturaleza (planetaria y humana). De este modo, el descalabro ideológico se atenúa y el realismo político gana. Pero las primeras medidas del nuevo presidente apuntan a mejorar este poder. La declaración de transparencia de las cuentas, de limitación salarial para sus consejeros, la limitación de las funciones y presiones de los lobbys en la Casa Blanca, hablan de un presidente que quiere poner las condiciones para poder, de hecho, ser independiente, y no tener que sacrificar sus ideales.
Escépticos y esperanzados que no sólo están en la sociedad norteamericana, como señala la editorial de El País y apoya Mário Soares en su Tribuna: “El mundo le necesita tanto como Estados Unidos”. El mundo espera, está esperando que el cambio empiece y que los sueños se hagan realidad. Como dijera Sarkozy el fin de semana pasado, está impaciente, deseando que Obama se ponga a trabajar para que juntos cambien el mundo…
Pero los cambios, como señalan muchos columnistas, deben empezar por dentro. Por sus ciudadanos en primer lugar; a los que Obama pidió que salgan de la minoría de edad kantiana y tomen las riendas de su destino unido al del conjunto de la ciudadanía estadounidense. Madurez y responsabilidad, audacia, valor y tolerancia, son las recetas más novedosas de Obama, según destaca la portada y la editorial de El Mundo y apoya George F. Hill en sus páginas interiores.
John Micklethwait, director de ‘The Economist’ declara a El Mundo que el triunfo de Obama se debe a que es “una persona (…) capaz de responder a cualquier circunstancia”. Teniendo en cuenta el diagnóstico de Robert J. Samuelson, del grupo del Washington Post, que destaca la percepción de incertidumbre y caos que recorre los EEUU ante los cambios impredecibles que sufre su economía y sus grandes instituciones, este poder de respuesta, de acción y de palabra, completan el cuadro de atributos extraordinarios que ha desplegado el nuevo presidente y que el mundo le reconoce. Simon Schama, también en ese periódico, destaca la resurrección del poder de la palabra que ha llevado a cabo Obama a lo largo de la campaña; cree que “Obama es capaz de convertirse en el Cicerón de EEUU”, nada más y nada menos.
Lluis Bassets en El País comenta lo que está en boca de todos desde que Israel invadió la franja de Gaza. La orquestación cronométrica de la invasión del territorio palestino y su retirada justo antes del cambio de presidente, dan muestra de lo peligrosas que son las transiciones de poder en las grandes potencias. Compara este caso con los de la URSS y China y afirma que la transición, en esta ocasión, ha sido “aprovechada (…) por los amigos para tomar ventaja del vacío de poder”. Amigos que habrá que ver cuánto duran después de haber apretado las tuercas a los lobbys y haber dedicado sus primeras llamadas telefónicas a Israel y a la Autoridad Palestina.
“Un instante brillante y efímero” y “Un tsunami de lágrimas de emoción” son los títulos de las aportaciones de Enric González y Moisés Naím a El País. Relatan la concentración de afectos y emociones que concurren a estas alturas de la historia de esta nueva presidencia. Relatan la concentración de todo ello en una persona, que como dijera McLuhan: “El medio es el mensaje” y en este caso el medio, o más bien, el médium, es él: Barack. Un hombre de carne y hueso que como dice Bassets, es “Arcilla en los dedos”, es la pantalla donde el mundo hoy proyecta sus ideas e ideales impregnados de la contagiosa esperanza que se ha manifestado en el voto y en las celebraciones por todo el país con Hollywood de compinche: “Sonrisas y lágrimas de las estrellas en honor a Obama”
El mundo mira con ojos emocionados y lacrimosos este momento. Un presidente que conoce la pobreza de los suburbios de Chicago y de África, se ha autoproclamado luchador contra el hambre en el mundo, y sobretodo infantil. Sus promesas al respecto estaban personificadas, como señala El Mundo, por en la presencia de su clan keniata en la toma de posesión y por miles de keniatas que siguieron desde sus aldeas la euforia de ver a un hijo africano en la cima de poder mundial.
Vértigo y responsabilidad en el diagnóstico de los próximo 100 días: “Obama inicia ‘una era de responsabilidad” titula El Mundo, de la cual no podrá salir, comenta, sólo con palabras. Pero como dice M. Martín Ferrand en el ABC: se trata de épica y lírica. Ahora toca la épica.
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Filósofa, profesora e investigadora.
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