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Análisis

Chávez, una década con el puño alzado

martes 03 de febrero de 2009, 22:36h
Vestido de verde oliva y condecorado por una bufanda teñida con los tonos del tricolor venezolano, Hugo Chávez Frías celebró una década en el poder. Diez años que al parecer, se le han quedado cortos al mandatario suramericano, quien aspira convertirse en el único e irrevocable presidente de Venezuela.

Acompañado por sus aliados estratégicos en la región como los presidentes Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega y José Manuel Zelaya, el vicepresidente cubano, José Ramón Machado o Roosevelt Skerrit, Primer Ministro de Dominica; Chávez no ocultó, como jamás lo ha hecho, sus intenciones de seguir los pasos de su inseparable colega Fidel Castro, último bastión de la vieja dictadura latinoamericana.
Desde 1999 el otrora Teniente Coronel que se atribuyó la autoría de los Golpes de Estado del 4 de febrero y 27 de noviembre de 1992, ha demostrado ser un audaz encantador de serpientes, capaz de convencer a un grueso de la población venezolana de que el ideal personalista y dictatorial que él preside es una revolución social por y para los venezolanos.

No obstante, estos diez años en los que Hugo Chávez ha estado a la cabeza de uno de los países más ricos de América Latina, han servido más para asentar las bases de su régimen, que para cimentar las columnas de la Venezuela del futuro.



Una década que se ha hecho prácticamente eterna para muchos venezolanos que observan cómo el país se consume en un delirio ideológico que ha terminado por deteriorar, aún más, las instituciones del Estado y acelerar la descomposición de una sociedad que dejó de reconocerse, para alienarse en dos bandos aquejados por graves síntomas de intolerancia.

Dicha polarización es lo que ha mantenido a Hugo Chávez adherido tanto tiempo al poder. La división de la ciudadanía venezolana que él mismo ha abanderado, ha sido la clave de su éxito y el objetivo siempre perseguido por su revolución con “calidad” de exportación; la misma que todo este tiempo ha demostrado que no conduce ni conducirá a nada bueno.

Lamentablemente, la historia de Venezuela en estos diez años es la historia de un hombre engullido por el capricho de reescribir la historia a su manera, que está firmemente convencido que para lograrlo, resulta más eficaz alzar el puño al ritmo de gritos de guerra, que tender la mano.