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Hoy me ha llorado el corazón

Ignacio Gómez-Acebo Duque de Estrada
sábado 07 de febrero de 2009, 01:37h
Después de ver la toma de posesión del cuarenta y cuatro Presidente de los EEUU, no pensé más en ello hasta que por la noche me quedé dormido. Soñé que era de nuevo joven y que estaba en el grupito “Tácito” en el que iniciamos la Transición.

En la mezcla de antes y después propia de los sueños creía con alegría que habíamos conseguido nuestro sueño.

Estábamos en un País democrático en el que se votaba a las personas. Cuando los políticos elegidos aceptaban el cargo lo juraban sobre la Biblia. En general, cuando no resultaban elegidos se iban a sus casas sin querer vivir para siempre de la Política y formar una casta aparte.
La bandera de la patria era respetada, querida y protegida por todos.

Las televisiones no emitían basura o aburridas nimiedades de modo permanente porque un buen programa de educación había enriquecido la Cultura del Pueblo.

Dificultades… ¡Claro que había! Estábamos en medio de una crisis mundial pero teníamos entusiasmo. Propósito y la educación y la investigación nos habían dado la capacidad de fabricar los bienes que, porque correspondían a la altura de nuestro Pueblo, podríamos exportar y ponernos en marcha.

Existían y se respetaban “valores” y de ese modo aunque el País y sus creencias fueran plurales había sitio para todos.
¡Qué sensación de calma y contento en la pasiva tercera edad en la que vivo!

Pero…

Hete aquí que me desperté.

No pensé en ello hasta que leí con el desayuno el periódico de la mañana.

¡Qué espectáculo!

Por todas partes asoma el rencor que creíamos haber borrado.

El conjunto de la ciudadanía quizás por los malísimos planes de educación o por una tendencia natural hacia la desidia era tan inculto como antes.

Como se votaba a listas cerradas no se había implantado una Democracia verdadera y la casta de los políticos era un círculo cerrado que tendía a perpetuarse.

Tanto el jefe de Gobierno como la mayoría de su Gabinete eran unos advenedizos de “cuarta”.

Tanto el jefe de la Oposición como la mayoría de los componentes de su Partido eran unos pequeñetes ligeramente protestones.

Como no había valores lo bueno era enriquecerse sobornando si era necesario (cosa, en general, fácil) y listo era el que conseguía su fortuna sin que le cogieran.

Valía ya casi todo, el aborto, la eutanasia, el matrimonio homosexual…

Como la desgraciada de Hont, sin lista de restos que adjudicara nuevos escaños, estaba fuertemente inclinada hacia los Autonomistas, estos se había hecho indispensables para gobernar y así se habían ido radicalizando hasta solo soñar con la independencia…

Y no pude dejar de pensar mientras lloraba mi corazón: ¿no habrá un grupo joven de nuevos “Tácitos” que, armados de respeto hacia los “valores”, volverán a defender todo aquello que por no alargar ahora no quiero repetir?

Estoy seguro que a lo largo y a lo ancho de España habrá muchos jóvenes que acudirán a la llamada y mucho viejos que les apoyaríamos con toda el alma.

Así dejará de llorar nuestro corazón.

Aunque solamente empecemos por uno.

¡Atrévase Hombre!

La historia demuestra que ha de ganar seguro.

Ignacio Gómez-Acebo Duque de Estrada

Abogado

Ignacio Gómez-Acebo Duque de Estrada es abogado y Vicepresidente del Círculo de Estudios Comunitarios

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