El color púrpura... de La Moncloa
domingo 08 de febrero de 2009, 20:12h
La culpa la tienen los dos millones de votantes socialistas que se declaran católicos. Ellos -¡qué listo es Zapatero!- son el fiel de la balanza que pueden inclinar a un lado u otro la victoria electoral. Por eso los fontaneros de La Moncloa se han convertido, la pasada semana, en pintores y han cambiado el color político del palacete, a un púrpura cardenalicio que ha sido el protagonista del “vis a vis” del que hablábamos en EL IMPARCIAL hace siete días.
Un “vis a vis” que ha dejado satisfecho a todos. Hasta la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, quiso estar a la altura y cambió su color, también, al más modesto “morado” propio de obispos. El cardenal Bertone, Secretario de Estado del Vaticano, primer ministro del Papa, actuó como un buen discípulo de San Juan Bosco, fundador de los salesianos, congregación a la que pertenece, y tendió la mano: “Vengo a desarrollar mi oficio y mi encargo”, dijo. Y lo ha hecho muy bien, pues ha sido muy clarito. “En la cuestión del aborto estamos en oposiciones distantes. El gobierno español no propone una equiparación de todas las religiones del mismo modo. He escuchado la intención del gobierno de reafirmar los derechos fundamentales en la familia y la educación”.
La Iglesia española ha estado muy atenta a esta visita y no ha querido ser protagonista, aunque durante la conferencia que Bertone pronunció el jueves en la sede de la Conferencia Episcopal Española sobre “Los Derechos Humanos en el Magisterio de Benedicto XVI”, tuvo el acierto de sentar en lugares reservados a obispos, durante las plenarias episcopales, a la flor y nata de la política democristiana, con el añadido del ministro de Justicia Bermejo, y cuatro líderes de otras tantas confesiones religiosas: Riay Tatary, por los musulmanes; David Hatchweell, por los judíos; Carlos López, obispo anglicano, y Bonifacio López, de la Iglesia de Jesucristo de los últimos Días.
Pero creo que el gobierno ha sido el que, con habilidad propia de un vaticanista, puso la nota más significativa que yo calificaría de “do sostenido”. Primero con la comida de Bertone con el Rey, el Príncipe, Zapatero y Moratinos, que se celebró en el Palacio de Viana, residencia oficial del ministro de Asuntos Exteriores, y “el posado oficial” tuvo lugar al pie de la escalera de mármol, que traída de Italia, hizo instalar en su día Fernando María Castiella, ministro de Exteriores de Franco desde 1957 hasta 1969, que sucedió en el cargo a otro democristiano, Alberto Martín Artajo, ministro desde 1945 hasta 1957, y que firmaron, éste último como titular de Exteriores y Castiella como embajador ante la Santa Sede, el Concordato que dio alas al régimen franquista, el 27 de agosto de 1953. Después vino la invitación que Zapatero entregó a Bertone para que el Papa viaje a España el año que viene, con motivo del Año Jubilar Compostelano. Una invitación que pocos esperaban y que ya estaba aceptada de antemano en el Vaticano, gracias a los buenos oficios del embajador Vázquez.
Todo un símbolo la escalera, que Moratinos -católico- sube y baja muy bien, y que fue el brochazo final al “color púrpura de La Moncloa”. Los dos millones de votos católicos merecen eso y mucho más. Bertone conoce muy bien la escalera, que es copia de la que existe en el Palacio de España en Roma, que por cierto ahora está reformando Francisco Vázquez.