El avispero afgano
lunes 09 de febrero de 2009, 23:33h
Según los planes iniciales de Obama, Afganistán va a ser una prioridad de su política exterior. El envío adicional de 30.000 efectivos, la implicación más efectiva de los aliados de la OTAN y otra serie de medidas diseñadas para poner remedio al caos en que se sume cada vez más aquel país de Asia central respondían a esa voluntad del nuevo presidente. Karzai, por el que se apostó tan a fondo, ha perdido la confianza de Washington y desde la Casa Blanca se pretende diseñar una nueva política exterior para aquel país y para toda la zona, que saque a los Estados Unidos y a sus aliados del marasmo en que se encuentran tanto la operación “Libertad Duradera” como la misión ISAF comandada por la OTAN. A esos nuevos designios responde también el nombra miento del experimentado Hoolbrook –que tan destacado papel jugó en el conflicto de Bosnia-Herzegovina- como representante del Presidente para Afganistán y Pakistán. Hoolbrook, buen conocedor de la zona y, especialmente del primero de esos dos países, se enfrenta con una complejísima tarea. Afganistán, donde la corrupción impera a sus anchas, se ha ganado ya la etiqueta de “narcoestado” y en la zona de mayoría pashtun a caballo de ambos países los talibanes se mueven con toda libertad, aunque su peso e influencia no se limita a ese territorio sino que se extiende por la mayor parte del país afgano. Karzai –que se debe someter a una elección presidencial el próximo mes de agosto- ya habla (lo ha planteado en la conferencia de seguridad de Munich) de establecer negociaciones con los sectores moderados de los talibanes, que hace tres o cuatro años se nos decía que habían desaparecido por completo como fuerza política.
Pero los planes de Obama se enfrentan con serios problemas logísticos pues, dada su posición geográfica, el acceso tanto de tropas como de recursos materiales a Afganistán es muy complicado. Hasta ahora el punto clave era la base aérea de Manas, situada en el vecino Kirgystán. Por ahí pasaba los transportes de todo tipo dirigidos a Afganistán, pero el presidente de este país, acaba de anunciar que la presencia americana en esa base ha llegado a su fin. Y, significativamente, lo ha hecho público en Moscú, después de que Rusia prometiese a este país exsoviético una ayuda financiera de unos 2.150 millones de dólares. No es la primera vez que los americanos son expulsados de un país centro-asiático, pues hace unos años ya tuvieron que abandonar la base logística de Karsi-Kanabad, situada en el vecino país de Uzbekistán. Es claro que todos estos movimientos responden a la manifiesta voluntad rusa de recuperar plenamente lo que fue su zona de influencia en la época soviética. Al mismo tiempo Moscú pretende ganar posiciones que le permitan oponerse con éxito a los planes americanos de expansión de la OTAN. Rusia está decidida a hacer todo lo que esté en su mano para impedir que Georgia y Ucrania entren a formar parte de la Alianza Atlántica. Además, también están sobre la mesa los planes americanos del escudo antimisiles cuyas instalaciones se situarían en Polonia y la República Checa, que Rusia no acepta. El viceprsidente Biden, acaba de reiterar en Munich estos planes, aunque se ha mostrado dispuesto a negociar e incluso a incluir a Rusia en el proyecto.
Pero Moscú ha superado los tiempos en los que se respondía a cualquier iniciativa occidental con un “niet” y ahora matiza sus posiciones con enorme habilidad. Casi a la vez que se propinaba a Washington la bofetada de Kirgystán, Lavrov, ministro ruso de Exteriores anunciaba que se permitirá el paso por territorio ruso de “equipamiento no letal” destinado a Afganistán y algo parecido acaba de hacer el presidente de Tayikistán, otro país vecino de Afganistán y estrechamente vinculado con la potencia rusa. Pero estas medidas concesiones no resuelven los problemas logísticos de Estados Unidos y sus aliados, cada vez más difíciles si tenemos en cuenta que Pakistán es un lugar de tránsito cada vez más peligroso. Basta considerar que hace solo unos meses los talibanes fueron capaces de destruir una partida de 200 camiones aparcados en Pakistán y destinados a Afganistán y que la llamada “zona tribal” del norte-noroeste de Pakistán es prácticamente intransitable pues esta controlada por los talibanes y, según parece, también por algunos sectores de Al Qaida. No puede extrañar que en Washington se estime ahora que la cuestión afgana es mucho más difícil y complicada que la de Irak. Mientras en este último país las cosas evolucionan bastante bien, en Afganistán hasta los más optimistas contemplan una operación a muy largo plazo y llena de dificultades.
|
Catedrático de la UCM
ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular
|
|