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Eluana, Requiescat In Pace

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
lunes 09 de febrero de 2009, 23:55h
Eluana Englaro ha muerto. Su historia ha provocado conmoción, perplejidad, divergencias éticas, choque de visiones y moral, generando un debate animado por las polémicas, posturas duras y dogmáticas. Exento de objetividad. Mientras la actitud del Gobierno italiano ha parecido a muchos lamentable y su insistencia un “capricho” más que discutible, el Vaticano no ha perdido una nueva ocasión para mostrar su longa manus e influencia en la bota itálica. Sin embargo, no se consideraba que lo que estaba en juego era mucho más que la política o la religión, era el dolor de una familia. Pero bueno, vamos por orden.

En primer lugar, es evidente que ha sido de mal gusto que un tema tan sensible, que ha generado más dudas que certezas sobre cómo ha de enfrentarse, se haya convertido en una cuestión política. Las polémicas, la instrumentalización del caso y los jueguitos de la baja política han sido lamentables: no era un asunto sobre el que especular o un tema que utilizar para sacar más o menos votos; se ha preferido crear una situación paradójica, donde las tres voces institucionales italianas (Gobierno, oposición y Vaticano) se han superpuesto, gritado y aullado sin entender que el tema es tan espinoso que debería generar un debate abierto que, dejando a un lado los excesos y al otro el dogmatismo católico, invite a reflexionar de forma madura sobre el tema.



Y al otro lado, en un rincón, está Beppino Englaro, un padre desesperado que ha preferido discutir abiertamente sobre el tema sin esconderse en un silencio que sabía que podría resultar ensordecedor; quería que se discutiese sobre una existencia vegetativa de 17 años, una situación definida clínicamente “irreversible”. Sus palabras, más que apoyarse sobre las sentencias del Tribunal de Apelación de Milán y confirmadas por el Supremo, encontraban su fundamento en el amor y el dolor que ha vivido cotidianamente al lado de su hija, acompañándola cariñosamente en un simulacro de vida, en una “dimensión inhumana”.

Como frecuentemente pasa, la política italiana ha salido mal de esta situación, poniendo en escena otra farsa, otra “solución a la italiana”, ordenando un decreto de urgencia para bloquear una sentencia jurisdiccional. Ahora que Eluana ha muerto y que los tonos bajaran en algunas semanas, la decisión gubernamental podría tener consecuencias que el Gobierno no ha tenido en cuenta: su “salvemos a Eluana” o “Eluana no debe morir” puede crear una verdadera anomalía en el ordenamiento constitucional, un conflicto institucional con el Presidente de la República, minar la estabilidad de la coalición de Gobierno y alimentar las tensiones con el ya indignado poder judicial. La sentencia era el cumplimiento de un derecho garantizado en la Constitución: el artículo 32 prevé el derecho a rechazar las curas y nadie pude ser obligado a un determinado tratamiento sanitario salvo disposición de la ley. El Parlamento tiene el derecho soberano de legislar en cualquier materia pero nunca poniendo en discusión un juicio de la Magistratura y, sobre todo, no de forma retroactiva. Este Gobierno, que ya se ha preocupado de cambiar los nombres a los delitos, de crear una norma especial de inmunidad para el Presidente del Gobierno, no puede ni podrá permitirse violar la independencia de la Justicia.

Finalmente, quedo pálido cuando oigo al Cardenal Javier Lozano Barragán hablar de “abominable asesinato”; o tiemblo escuchando el Ángelus de Benedicto XVI donde se define “la eutanasia como una solución indigna del hombre”. ¿Esas son las bases del catolicísimo? No se trata de ser ateos o irreligiosos: al contrario, comparto el deseo de un jovencísimo amigo que, hace algunos días, me dijo que le gustaría creer en Dios, tener fe en algo para no tener miedo de morir. No se trata de creer ciegamente en la ciencia o en la justicia, se trataba de intentar evaluar sin los anteojos católicos ni el dogmatismo cristiano ni pasar a los excesos de “¿dónde está tu Dios ahora que lo necesitas?”. Se trata de entender que nos hemos enfrentado a una situación dolorosa sin posibilidad de cambio, sin posibilidad de avance. Frente a otro drama, Primo Levi exhortaba a la gente a reflexionar sobre “si esto es un hombre”. Y yo les pregunto “¿esto era vivir?”. A lo mejor ese Dios del que habla el papa ha preferido anticiparse y evitar que Eluana sufriese más. No hay tiempo para más polémicas: finalmente ha llegado la dulce muerte. Ahora Eluana podrá descansar en paz. Y su familia, también.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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