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Cuba y Chile: treinta y siente años después

miércoles 11 de febrero de 2009, 00:56h
Este miércoles la presidente chilena Michelle Bachelet y su homólogo cubano Raúl Castro iniciarán un encuentro diplomático sin precedentes en la historia reciente de ambos países. Desde 1972 sendos Estados no se veían las caras para dialogar y buscar mecanismos de cooperación entre la isla y la nación andina.

En aquella oportunidad Salvador Allende estaba al frente de la Presidencia de Chile y un joven Fidel Castro al mando de Cuba; el mundo experimentaba la gran crisis del petróleo, a Richard Nixon aún no le salpicaría el escándalo Watergates y la Guerra Fría seguía su curso. No obstante, un golpe de Estado impidió que Allende superara los mil días en el poder y continuara con su vida, frustrando las relaciones cubano-chilenas de forma abrupta. De ser un amigo potencial, Cuba pasó a ser un asunto vedado para el gobierno chileno.
Treinta y siente años después, el silencio entre los dos países se quiebra para lograr un acercamiento entre Sur América y el Caribe, como parte de la iniciativa integradora entre régimen cubano y el resto de la comunidad latinoamericana, que comenzó a dar sus primeros pasos con la adhesión de Cuba al Grupo de Rio en 2007.

La apertura diplomática que ha venido experimentando América con respecto al castrismo, responde más a ese fenómeno llamado “la Cuba sin Fidel” que a otra cosa. La presencia de Raúl Castro en la jefatura de la isla ha abierto la posibilidad de un acercamiento continental, ya que, pese a que la dictadura no da señales de cambio y que la gran mayoría de los países latinoamericanos mantienen fuertes vínculos con EE.UU, la entrada en el juego político del hermano de Fidel cambia las perspectivas y las expectativas de la región frente a Cuba.
En medio de la polémica que genera este encuentro en algunos sectores de la sociedad chilena, Bachelet va dispuesta a romper una larga pausa de treinta y siente años, con el propósito de instar el diálogo entre dos países geográficamente tan estratégicos como equidistantes. Por lo visto, Cuba está dejando de ser el “paria” de América Latina, para convertirse en su principal objetivo diplomático. Sería una gran cosa para los futuros ciudadanos cubanos, todavía hoy súbditos de un régimen totalitario, que, lo que aún no es sino una imagen deseada, se convierta en el principio de una realidad sólida, de modo que Cuba regrese al entorno geográfico, político y cultural que le es propio.
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