Israel: Tzipi Vs. Bibi
jueves 12 de febrero de 2009, 01:52h
Tan sólo un escaño marca la diferencia entre la victoria y la derrota para Tzipi Livni, líder de la plataforma de centro derecha Kadima, y Benjamín Netanyahu, cabeza del conservador partido Likud, quienes a partir de ahora deberán sumar aliados y unir fuerzas, en aras de lograr la ansiada coalición que les permita convertirse en el nuevo Primer Ministro o Ministra de Israel.
En un principio el voto de los ciudadanos israelíes le da una ínfima ventaja a Livni que, si logra formar gobierno, se convertiría en la segunda mujer al mando del Estado Judío, repitiendo la gesta alcanzada por Golda Meir en 1969. Sin embargo, todo parece indicar que la joven dirigente tendrá que esperar tres años más para hacer historia, ya que la balanza de las probabilidades favorecen más a su oponente del Likud que a ella.
Benjamin Netanyahu, “Bibi” para sus conciudadanos, siempre ha estado en el punto de mira de la política israelí, no sólo por haber sido el Primer Ministro entre 1996 y 1999, si no por ser uno de los principales abanderados de la línea dura de su país, la cual se ha fortalecido en estos dos años tras la última guerra del Líbano y los recientes acontecimientos en Gaza, y que han contribuido a generar una extraña polarización de la derecha israelí y el eclipse paulatino de facciones políticas, más dispuestas a la negociación, como el Partido Laborista, al mando del condecorado Ehud Barak.
La compleja disposición que presenta el entramado político hebreo, en el que los asuntos domésticos están sujetos a lo que ocurra al otro lado de la frontera, dificulta la conformación de un gobierno intermedio, pese a las intenciones de Kadima (“adelante”). En un país sometido a un constante estado de beligerancia como Israel, es difícil nadar en dos aguas: lamentablemente se es de un bando o de otro, tanto en el frente de batalla, como en la política.
Es por ello que, en el transcurso de las próximas horas, incluso días, tanto Livni como Netanyahu deberán ganarse la confianza no de los sectores ideológicamente antagonistas, sino de sus colegas de la derecha más radical, como el ultra ortodoxo partido Shas y el ultra conservador Yisrael Beiteinu, con 11 y 15 escaños obtenidos en el Kneset, respectivamente. De ambos, depende el éxito o el fracaso de la estrategia política de Tzipi Livni y de Benjamin Netanyahu para hacerse con la jefatura del gobierno.
Sea cual sea el desenlace de este inédito duelo, el nuevo gobierno israelí promete endurecer aún más su política, a riesgo de rozar la intransigencia. Probablemente, tengamos que esperar un largo tiempo para volver a revivir las imágenes que, en 1978 y 1993, demostraron que otra realidad puede ser posible en Oriente Medio.