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Secretos, mentiras y ausencias

José María Zavala
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jmzavalagmxnet/8/8/12
viernes 13 de febrero de 2009, 00:06h
Privacy International ha advertido, nada más hacerse público el nuevo sistema de localización a través de teléfonos móviles de Google, el denominado Latitude, de la “amenaza inmediata para la privacidad” que éste supone. Dicho servicio ofrece la posibilidad de revelar la posición de un teléfono móvil (y por consiguiente, de su dueño/a) y ubicarla a través de la aplicación Google Maps. Ha tenido que ser el número uno de Internet el que lo ofrezca para que se produzca la consecuente repercusión mediática, pero mucho antes ya cabía la posibilidad de realizar este tipo de localización, recurriendo a nombres más desconocidos como NowHere, o Mologogo.

Obviamente, nadie nos obliga a disfrutar de esta maravilla de la tecnología. La privacidad —según quienes ofrecen estos servicios— está asegurada, pues cada persona es libre de elegir a qué personas da permiso para seguir sus pasos.

De igual forma, yo soy libre, no sólo de no tener teléfono móvil, sino de no darle mi número más que a un reducido número de personas. Lo mismo pasa con el Messenger, Facebook, MySpace, etc. Todos tenemos la oportunidad de salir de esta red de vigilancia mutua que nosotros mismos hemos creado. Eso sí, puede que a la hora de buscar trabajo uno tenga menos oportunidades porque los que usan móvil están más localizables, y probablemente nuestras amistades prefieran contactar con quienes sí están en sus redes.

Algunas personas hacen muestra de mala educación al dar y pedir de forma casi automática los datos de contacto (teléfono, e-mail, perfil...), incluso a personas a las que apenas conocen. Suele ser algo así: La persona en cuestión pregunta “¿Tienes [móvil/e-mail/Facebook/Messenger/etc.]?”, a lo que corremos el riesgo de contestar, como si se tratase de una encuesta, la verdad. Si la respuesta es afirmativa, resultará bastante difícil inventar una excusa para negarle los datos al otro cuando los solicite. De todas formas, muchas veces este intercambio no lleva más que a engrosar la lista de contactos de estos dispositivos de comunicación.

Pero ¿bajo qué excusa le dice el adolescente del futuro a sus padres, que no quiere aceptarles en su lista de Latitude? Éste servicio es sólo un paso más allá en el camino iniciado por los teléfonos celulares. Un día con el terminal apagado y todos empezarán a inquietarse. En sus variantes más radicales tenemos al localizador para automóviles de venta por correo (“escóndalo en el asiento o la guantera y sabrá qué recorridos y a qué velocidad realizan aquellos con quien comparte su coche”), el software Mobile Spy (registre todo lo que sus empleados o sus hijos hacen con el móvil) o los padres que, por seguridad, deciden implantarle un chip de radiofrecuencia a sus pequeños (“desde el 11-S tememos que les pueda pasar algo”).

O bien la moral es tan laxa y la libertad personal tan desarrollada que ya no tenemos nada que esconder, o bien vamos camino de desterrar al secreto y la mentira. Ya no tendrá sentido decir que te quedas a dormir “en casa de un amigo” o que no puedes ver a alguien “porque tienes que estudiar”. La hiperpresencia nos invade, y con ella observo atónito un ansia inexplicable por la comunicación social (y no directa, sino mediada a través de horribles artefactos), sin que nadie parezca querer “que le dejen en paz”, que no le hagan fotos, que no suban imágenes suyas a Internet, que no le llamen... en definitiva, “desaparecer”. Las amenazas posmodernas de excesiva individualización se mezclan paradójicamente con una comunicación constante que parece querer acabar por completo con cualquier intento por permanecer en soledad. Pero puestos a analizar contrariedades, nos veremos a nosotros mismos pegados a nuestros dispositivos, los unos con el móvil por cuestiones de trabajo, los otros pegados al ordenador por necesidades sociales, ignorando en todo momento, a quienes tengamos más cerca. Los medios de comunicación se esfuerzan cada día más en mantenernos incomunicados.

José María Zavala

Sociólogo

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