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Europa va mal

sábado 14 de febrero de 2009, 01:20h
Aquel viejo dicho según el cual “cuando Estados Unidos estornuda Europa se resfría” aludía al poderío económico del gigante norteamericano con respecto al Viejo Continente. Pero en un mundo globalizado como el actual, da la impresión de que la mala salud financiera es un mal endémico. En esta ocasión, son los datos de la Eurozona los que inciden en el preocupante estado de la economía de la Unión. Y es que según las cifras estimativas publicadas por la Oficina de Estadística de la Comunidad Europea, Eurostat, el PIB en la Eurozona se contrajo un 1,5% en el último trimestre de 2008 respecto al trimestre anterior.

La heterogeneidad del continente europeo tiene ventajas e inconvenientes a la hora de adoptar recetas eficaces para paliar la crisis. El hecho de ser un todo formado por distintos países, bajo el paraguas de ciertas normas comunitarias pero con distintas políticas financieras hace muy difícil armonizar una pauta de actuación común. Pero al mismo tiempo, y frente al auténtico “mercado persa” en el que se había convertido la economía norteamericana, los mecanismos de control europeos se han demostrado algo más eficaces a la hora de evitar desastres como el desplome de los dos grandes colosos hipotecarios estadounidenses -Fanny Mae y Freddie Mac- y el “escándalo Madoff”, por citar algún caso paradigmático. Pero lo que realmente importa ahora es hallar la clave para poder reflotar la productividad europea. Y quizá por ello convendría prestar atención a quien, aparte de ser la locomotora económica de la Unión, tiene tras de sí la impagable experiencia de haber tenido que hace frente a una situación económica sumamente complicada: Alemania. La reunificación del país fue posible gracias en parte a la decisión con la que sus autoridades afrontaron el enorme problema que tenían entre manos. Angela Merkel no posee recetas mágicas, pero sí sabe cuál podría ser un buen punto de partida: claridad económica e información fidedigna. Ella fue quien, a tenor de las imprecisiones de las agencias de calificación, afirmó que “en comparación con la industria, donde se tiene un profundo conocimiento de los productos que se manejan, los mercados financieros son mucho más opacos”. Y es un hecho que, para que vuelva la confianza a los mercados financieros y puedan reactivarse el consumo y la productividad, es imprescindible que haya claridad, por incierto que sea el panorama, y por duras que sean algunas medidas que se deban adoptar. Pero poner paños calientes y recurrir al optimismo artificial por falta de coraje político -o peor, carencia de ideas- no parece la mejor solución. Y no es cuestión baladí.
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