MAFO se desmarca del Gobierno
lunes 16 de febrero de 2009, 15:08h
El número de parados aumenta en España a razón de 6.000 cada nuevo día, fines de semana y, fiestas de guardar incluidos. Para el desempleo no hay vacaciones y la preocupación de los españoles por él se ha doblado en un año, según la última encuesta del CIS. Si se hiciese la misma encuesta dentro de los altos cargos de Moncloa, seguro que la subida en la preocupación iría paralela a la curva de parados.
Pues el Gobierno sabe perfectamente que cuando una persona está en el paro o siente muy de cerca el frío en las largas colas del Inem, la efectividad de la comunicación política, en la que los socialistas no tienen rival y cuentan con poderosísismos apoyos mediáticos, se diluye como un azucarillo. Por ese motivo, todo el esfuerzo del gobierno en este punto se centra en enviar tres mensajes a la ciudadanía. El primero es que la culpa del paro la tienen otros. Antes George W. Bush y ahora la banda. El segundo es que el gobierno paga las ayudas sociales para quienes se quedan en paro. Y el tercero, que el gobierno actúa para atajar la sangría de puestos de trabajo, con el plan de los carteles, el de los 8.000 millones de euros entre los ayuntamientos.
Ninguno de los tres mensajes es extremadamente poderoso, por lo que el Gobierno es muy sensible a las críticas. La CEOE ha lanzado al gobierno una propuesta de “contratos de crisis” en los que se abarataría el despido y se bonificarían las cotizaciones a la seguridad social (un impuesto sobre el empleo). Lo hizo deslizando la propuesta por medio de la Ceim y más tarde haciéndola suya.
Es una propuesta muy incómoda para Zapatero por tres razones. Primero sitúa el centro del debate en lo que puede hacer el Gobierno. Segundo, obvia su plan estrella, el de los 8.000 millones. Y, en tercer lugar, el abaratamiento del despido tiene muy mala prensa entre la izquierda y rompería el discurso del propio Gobierno. Zapatero, de hecho, rechazó la medida en un mitin y con un lenguaje muy populista y más tarde en el Parlamento, si bien con un tono no menos populista.
Zapatero contaba con todo ello, es parte del juego político-mediático de los distintos grupos. Con lo que no contaba es con se le rebelase el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, conocido en el mundillo por el acrónimo MAFO. En una conferencia pronunciada el pasado 11 en Zaragoza, MAFO recalcó que nuestra economía, cuando se compara con otras también desarrolladas, “exhibe más desempleo, incluso en los mejores momentos, más rápido aumento del paro en las fases de ajuste, menor crecimiento de los salarios reales, menor crecimiento de la productividad del trabajo, mayor discriminación entre colectivos”. Una situación que relacionó con la inflexibilidad del mercado de trabajo y los altos costes asignados a la contratación y el despido.
Es decir, que lanzó un obus contra el discurso del Gobierno desde una insitución que es a la vez oficial, prestigiosa y española. MAFO sabía perfectamente lo que hacía, no en vano él es un político con larga experiencia. ¿Por qué lo hizo? ¿Cuáles son sus razones? Para empezar, la cuestión del empleo es de una importancia capital. Y Fernández Ordóñez se sabe respaldado por toda la profesión cuando hace su análisis.
La elección de MAFO como gobernador del Banco de España fue polémica. Era la primera vez que se elegía a un militante de un partido para un cargo que, hasta el momento, había estado libre de partidismos (aunque no de escándalos). Es más, el nombre del subgobernador siempre era propuesto por la oposición y ambos contaban con el consenso de PSOE y PP. Fue así siempre… hasta julio de 2006, cuando MAFO sustituyó a Jaime Caruana, cuando el PSOE impuso a sus hombres en los dos cargos.
Son muchos los analistas y periodistas especializados en la información económica, y que conocen las sutilezas de los mensajes lanzados desde la institución, que creen que MAFO ha impuesto un partidismo progubernamental impropio. Nada que resultara chocante o imprevisto. Lo que no estaba en el guión de nadie es el giro dado por MAFO a mitad de su mandato, ya que por ley el puesto le pertenece durante seis años.
Miguel Ángel Fernández Ordóñez es un político, pero no de los que no tienen dónde ir fuera de la política, ya que es un profesional reconocido. No querrá salir de su puesto, en el verano de 2012, recién terminado el segundo mandato zapateril, con la imagen de haber puesto una institución tan importante como el Banco de España al servicio de Zapatero.