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El yihadismo divide al Polisario tras 30 años aislados en el desierto
martes 12 de febrero de 2008, 17:17h
El conflicto del Sahara Occidental que enfrenta desde hace tres décadas al Reino de Marruecos y al Frente Polisario en disputa por la soberania de la excolonia española, puede dar un giro insperado. Hace 17 años que se firmó el alto el fuego y los contendientes aceptaron la mediación de las Naciones Unidas para buscar una solución en base a la legalidad internacional, incluido un referendum de autodeterminación, no se ha avanzado ni un ápice.
Tres decenios en los campos de refugiados de la región argelina del Tinduf en condiciones de vida extremadamente duras, han conducido a la división entre las filas saharauis. Sus dirigentes a duras penas consiguen contener la presión de corrientes internas cada vez más críticas. El último congreso del Polisario, celebrado en diciembre, ha dejado al descubierto la existencia de sectores que comienzan a decir "basta".
La juventud saharaui, que en su inmensa mayoría no ha conocido su patria de origen, ya no se contenta con estudiar en Cuba y Argelia, viajar a Canarias o dedicarse al comercio caravanero entre Mauritania, Níger, Malí y Argelia. En su seno se han formado grupos que exigen más. Unos, quieren democracia y libertad, como la corriente Jat Achahid, muy crítica con la "burocracia" del Polisario y descontenta con "el régimen de partido único". Otros, se muestran partidarios de la lucha armada y
de retomar las hostilidades contra Marruecos.
Saharauis islamistas
Se han hecho oir en el congreso y la nueva dirección se ha visto obligada a darse un plazo hasta junio para considerar la vuelta a las armas. Los hay que han perdido toda esperanza y emigran (en España hay miles que ya se han instalado con sus familias). Hay quienes se han radicalizado y se muestran partidarios de acciones yihadistas dentro de Marruecos. Uno de los militantes islamistas, presuntamente vinculados a Al Qaeda y detenido recientemente en Mauritania, es saharaui, según la
prensa de ese país. Los servicios de seguridad sospechan que hay más.
Por último, existe una corriente que comienza a hacerse oir en los campamentos, favorable a pactar la autonomía con el reino de Marruecos. Integrada por alguno de los fundadores del Frente Polisario, quiere terminar con el sufrimiento de la población de refugiados y trasladar "la lucha democrática" al interior de Marruecos.
Las cancillerías europeas temen una vuelta a las hostilidades -acciones armadas para unos y atentados terroristas para otros- que lleve la inestabilidad a la región, justo cuando el movimiento yihadista se extiende por el desierto subsahariano.
Negociaciones con la ONU
En marzo tendrá lugar en las afueras de Nueva York una cuarta ronda de consultas entre Marruecos y el Polisario, a la que han sido invitados Mauritania y Argelia, en presencia del representante especial del Secretario General de la ONU Ban Ki Moon. Las anteriores no consiguieron apenas nada. Los contendiente se han limitado a exponer sus posiciones, lo que ha exasperado al secretario general de la ONU que, en su informe del 25 de enero, ha calificado los encuentros de "diálogo de sordos".
Ban Ki Moon es el cuarto Secretario General de la ONU que trata inútilmente de que las dos partes que firmaron el acuerdo de alto el fuego en 1991, lo apliquen. Antes que él, fue el peruano Javier Pérez de Cuellar, que sólo consiguió la firma del cese de hostilidades; el egipcio, Boutros-Boutros Ghali, y el ganés Kofi Annan. Todos ellos realizaron negociaciones públicas y secretas, pero no llegaron a ningún resultado.
Violaciones derechos humanos
Marruecos se encuentra en una posición confortable. Ha conseguido desde hace 30 años una movilización casi unánime en torno a la reivindicación de la soberanía sobre el Sahara. Un enorme contingente militar desplegado en el Sahara mantiene un control férreo de la región que permite vender en el mercado internacional los fosfatos de Fos Bu Craa, de excelente calidad aunque sólo representran la décima parte de la producción marroquí, y la pesca de las costas saharianas.
Sin embargo, la ocupación marroquí del Sahara Occidental tiene dos puntos negros: las violaciones de derechos humanos en el Sahara, criticadas por la mayoría de organismos internacionales, incluida
Naciones Unidas, y la imposibilidad de disponer a sus anchas de los recursos naturales, por falta de legitimidad internacional. Un informe jurídico del Consejo de Seguridad de la ONU vetó la explotación de las reservas de petróleo en aguas saharianas, al considerar el territorio como "no autónomo". Sólo se permiten los estudios geológicos y la exploración, pero no la explotación de recursos. Esto irrita al Palacio Real, que se ve obligado a dedicar una parte sustancial de su presupuesto a importar petróleo.
Zapatero, a favor de Marruecos
España, como antigua potencia colonial, se encuentra comprometida y vuelve a ver fortalecido su papel por las importantes reservas de petróleo y gas del África subsahariana y costas del Sahara Occidental, codiciadas por Estados Unidos y China. El Polisario exige a Madrid completar la descolonización inacabada y que lleve a cabo el referendum establecido en los Acuerdos de Madrid de 1975 por los que cedió la administración del territorio a Marruecos y Mauritania.
Argelia pide a España que asuma su responsabilidad internacional. Y Marruecos espera que el giro dado por el Gobierno de Rodríguez Zapatero al abandonar el tradicional equlibrio, termine, si el dirigente socialista español gana las elecciones del 9-M, en un apoyo abierto a la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental disfrazado con la propuesta de "autonomía regional" que Rabat ha ofrecido a los saharauis para obtener la soberanía sobre un territorio rico en recursos energéticos.
Argelia, por su parte, tampoco sufre desgaste. Dedica una parte mínima de su presupuesto, con unas arcas rebosantes de ingresos por el precio del petróleo, a la ayuda material de los cien mil refugiados que cobija en Tinduf, y a respaldar la diplomacia del Polisario en todo el mundo.
Mauritania tampoco sufre excesivamente por el problema, aunque más de 5.000 saharauis emparentados con sus propias tribus viven en el país. El régimen de Sidi Uld Cheij Abdallahi, surgido de las elecciones de 2006, mantiene el reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) al tiempo que buenas relaciones con la monarquía alauí. El Polisario trata a los sucesivos gobiernos mauritanos con guante de terciopelo, porque sabe que, como último recurso, si las cosas
fuesen a peor en Tinduf dispone de la zona norte de Mauritania como segundo territorio para un nuevo éxodo.