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Análisis

Cuba: el primer año de Raúl sin Fidel

jueves 19 de febrero de 2009, 00:34h
Hace un año, en un artículo del diario oficial “Granma”, Fidel Castro anunciaba su renuncia al poder y de “no aspirar a la Presidencia del Consejo de Estado”. El Comandante en Jefe dejaba al Parlamento la libertad de elegir al próximo líder de la Revolución, abriendo de facto el camino a su hermano Raúl.
Se cumple un año desde que Raúl Castro, que ha desempeñando siempre un papel activo en los 50 años de la revolución cubana, llegaba a ser el nuevo mandatario de la isla. Sin embargo, el hermano del líder máximo cuenta con el apoyo de Fidel y su sombra parece condicionar la acción de su gobierno. El primer año de Raúl como mandatario oficial de la isla, que llevaba año y medio como presidente interino, en funciones debido a la enfermedad de Fidel, se ha caracterizado sobre todo por una agenda internacional muy activa, muchos viajes y muchas visitas de mandatarios extranjeros a Cuba. Pero, los cambios en el interior han sido muy pocos y menos de los que se esperaban tras la salida de Fidel del poder.


Foto de Rúben López PulidoLa llegada al poder de Raúl Castro había generado muchas expectativas: la esperanza de cambio llegaron de todas partes del mundo ya que se consideraba que el nuevo Jefe de Estado pudiese dar inicio a un proceso de apertura y democratización de la isla. Se esperaba que la marcha de Fidel y su retirada del escenario político nacional coincidiese con la posibilidad de realizar un proceso de democratización de la isla y mejoramientos sustanciales en materia de Derechos Humanos. Y así fue al principio: la introducción de ciertos cambios y tibias aperturas alimentaban la esperanza que con Raul Castro al mando Cuba estuviese viviendo una nueva etapa. La reforma agraria, la posibilidad para los cubanos de adquirir teléfonos móviles, entrar en hoteles sin ser discriminado eran alentadoras de un cambio en la isla. Pero la esperanza duro poco. Las dificultades económicas, los huracanes “Gustav” e “Ike” han dañado la economía y las medidas adoptadas por el régimen para recuperarse fueron criticadas inclusive por Fidel.

En este primer año, los mayores cambios y los mejores resultados se han registrado en tema de relaciones exteriores: es evidente que uno de los objetivos del nuevo mandatario es contar con el apoyo internacional para enfrentarse al embargo estadounidense. Por eso, además de contar con el apoyo indiscriminado de Venezuela de Hugo Chávez, Raúl se ha preocupado por restablecer las relaciones diplomáticas con dos antiguos aliados como el chino Hu Jintao y el ruso Dimitri Medvedev. El pasado enero, el mismo Raúl Castro viajó a Moscú para intentar restablecer la relación privilegiada que terminó hace tres décadas en termino de alimentos y bienes de equipo. El nuevo mandatario visitó también Venezuela y Brasil buscando consenso, apoyo y ayudas. Y entre sus logros puede calificar la entrada de Cuba en el Grupo de Río y el llamamiento de los países miembros a Estados Unidos para que finalice el embargo sobre la isla.

Foto de Carlos Ruibal Ortiz


La presencia de Fidel
Los rumores sobre el empeoramiento de la salud de Fidel Castro, que convalece desde julio de 2006 de una enfermedad aún no desvelada oficialmente, tras un silencio de algo más de un mes entre diciembre y enero, han quedado atrás ante el ritmo inusualmente alto al que el líder cubano escribe sus habituales artículos de "reflexiones" en los últimos días, que siguen siendo publicados, leídos y repetidos en los medios oficiales.

Foto de Rúben López PulidoEl papel de Fidel en la vida política de Cuba se ha ido reduciendo cada día más: sin embargo, la influencia del ex presidente sobre Raúl Castro es evidente y, según muchos analistas, representa el principal freno al proyecto reformista del nuevo mandatario. Actualmente, el líder máximo no se limita a mantener entrevistas con los dignitarios que visitan la isla, sino ejerce una directa influencia sobre la vida política de Cuba a través de sus “Reflexiones” que publica periódicamente en el diario oficial “Granma”.

La renuncia al poder del “compañero” Fidel es más teórica que practica, vigilando las actividades gubernamentales, influyendo en las decisiones ministeriales y condicionando la vida político-económica de la isla. Varios historiadores subrayan como Fidel sigua interviniendo en los asuntos más importantes de Cuba, relegando Raúl a un margen de maniobra estrechísimo. De hecho Fidel mantiene un protagonismo renovado por sus continuos artículos sobre todo tipo de temas.

Futuro de Cuba
Parece evidente que en Cuba estamos asistiendo a una sucesión pactada: el primer año de Raúl Castro y sin Fidel parece marcado sobre todo por el “continuismo” de la política de su hermano, en una actividad gubernamental más “fidelista” de lo esperado. Se esperaba que la actividad del nuevo mandatario fuese animada por el espíritu de reforma y que la isla viviese movimientos hacia adelante.

Foto de Carlos Ruibal OrtizDe momento las medidas adoptadas no parecen suficientes y el cambio fundamental respecto a la Cuba de Fidel Castro radica en las expectativas de cambio: sin embargo, se está asistiendo a un camino de reforma lento, caracterizado por el estilo pragmático del nuevo mandatario. La descentralización en sectores como el agrícola, han levantado prohibiciones, eliminado los topes salariales, reformado el campo e intentado reactivar la producción. Por eso, Raúl Castro, que “se hizo viejo antes de hacerse grande”, deberá tener en cuenta cuál será la mejor manera de solucionar los graves problemas de la isla, que son muchos y de naturaleza económica, social y también política.

El inmovilismo en la jerarquía política preocupa ya que la vieja guardia sigue al poder, y el cambio en su dirección parece responder más a un patrón hereditario que a los méritos acreditados por Raúl: la transición pacífica o sucesión “institucional” está en marcha pero aún lejos de producir los cambios necesarios para resolver los problemas de la isla.El reconocimiento hecho por Raúl Castro de que Cuba necesita cambios estructurales es una ‘condicio sine que non’ para resolver los problemas, pero no suficiente: habrá que llevar a cabo medidas, ya que parece razonable esperar más reformas y liberalizaciones. Cuba seguirá avanzando de forma tibia y tímida: además de cambios económicos, aún falta garantizar el respeto a los derechos fundamentales, temática improrrogable.