EL PICASSO DE LA MODA
martes 12 de febrero de 2008, 21:35h
Lo dije en una ocasión. Lo reitero ahora. David Delfín es el Picasso de la moda. He acudido hoy, como todos los años a la pasarela Cibeles, para ver a David Delfín, con la esperanza añadida de encontrarme con Silvia Castillo. Los espectadores se tornaban en percebes enlatados para contemplar el espectáculo delfinesco, provocación de luz y color en el desfile estrella de los dioses de Cibeles. "Es un genio", me dijo Cuca Solana sentada a mi lado, mientras el gran Fermín Lucas se desvivía para atender a todo el mundo.
David Delfín tiene no pocos defectos que no voy a señalar porque para eso está la crítica especializada. Pero es la sangre sonora de la libertad. Es la moda en estado puro con sus diseños que parpadean. Es el arte completo. Es incandescente y fugitivo. Es un genio de la creación. Sus vestidos horca o sus desnudos corbata se han convertido en un clásico. Ha madrugado sobre la palabra. Ha sembrado una lluvia de dioses sobre la pasarela. Me produce, en fin, alegría que se haya puesto en pie un español grande. Ayer, su moda de vanguardia, su delirio arborescente, su hierro derrotado con rejas y todo y modelos de pies encadenados, se esponjó por la pasarela Cibeles. Allí no estaban, entre el público expectante, las giliporcelanas de los desfiles convencionales.
David Delfín, que tiene la apariencia limonar de un pillete de barrio, que es asilvestrado y culto, lanza al aire las máscaras innumerables de la vida y juega con ellas como si fueran bolas malabares. Con todo, lo mejor de cuanto le rodea es la androginia avasalladora de Bimba Bosé, que tiene gestos de vino rojo y esos dedos desdeñosos de sus manos ojivales, "hechas para dar de comer a las estrellas", "qué voz la de sus venas desgarradas, qué ardor el de su cuerpo estremecido, qué suaves sus pisadas, sus pisadas". David Delfín abre los ojos desnudos de ceniza. Se orgasma con la tembladera del desfile. Tiene la inteligencia malherida y la mirada recental. Es un artista que comunica con la moda, no un modista que sirve a los gustos nuevos. Se muestra siempre audaz. Hoy ha estado, una vez más, provocador, destellante, imaginativo hasta el delirio.
Fui a darle un abrazo, con mi traje oscuro y mi corbata azul, los zapatos mocasines de siempre, vestido como Dios manda, en fin.
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de la Real Academia Española
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