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España-Marruecos: la exclusión de los incómodos

Víctor Morales Lezcano
lunes 23 de febrero de 2009, 21:38h
El año en curso (2009) ha sido elegido año de Marruecos en España, siguiendo la tradición del principio de buena vecindad que Rabat practica desde hace un decenio largo. Especialmente subrayado ese principio diplomático con Francia, referente ineludible del amplio sector francófono del Magreb; aunque es cierto que la celebración de la efemérides al norte de los Pirineos ha topado en el transcurso del tiempo con alguna que otra piedra en el camino. Por ejemplo, cuando se publicó en Francia el controvertido libro de Gilles Perrault, Nuestro amigo el Rey (1990), Palacio repelió el “gesto” publicístico de la República -que presidía entonces François Mitterrand- por estimarlo animoso y vejatorio. El incidente vino a estropear en su momento celebraciones y fastos franco-marroquíes que se prometían felices.

Entre la práctica de controles abusivos por parte del Ministerio del Interior y de la Dirección General de Seguridad marroquíes, y las tenaces restricciones españolas en la expedición de visados a miembros de las fuerzas de la cultura de Marruecos, la fluidez entre los dos países se ha visto reiteradamente obstaculizada desde que se constituyera el ya legendario “Coloquio de intelectuales de Marrakech” , que aglutinó a una decena larga de intelectuales procedentes de las dos orillas del Estrecho.

En esta última semana, -sin necesidad, por tanto, de retroceder mucho en el túnel del tiempo- se ha asistido a otro incidente (¿?) fronterizo de naturaleza cultural.

Dos invitados marroquíes a participar en el Festival de Cartagena -no exento éste de buena aureola- han sido tachados de la inicial relación de invitables. Se trata de Nadia Yasin, hija del conocido jefe religioso Abdessalam Yasin (cabeza de la asociación Justicia y Caridad) y Ali Lmrabet, periodista tangerino exiliado actualmente en España.

De donde pueda proceder la indicación tabuizadora, no es cuestión fácil -aunque tampoco imposible- de averiguar. Ahora bien, la exclusión de dos de las intervenciones previstas inicialmente por razones de mera política nos devuelve en Cartagena a la noche de los tiempos que juramos no admitir ¡nunca más!. Al menos en España.

Abdellah Taia ha salido al paso de esta confusa situación: “¿Qué quiere decir todo esto?. ¿Qué el homosexual marroquí es bienvenido en España, pero no una mujer perteneciente a un movimiento islamista ni un periodista que ha tenido problemas con las autoridades marroquíes?. No puedo aceptarlo” (El País, 21 de febrero de 2009).

O sea, que hemos de colegir que Abdellah Taia no participará tampoco en el Festival de Cartagena, obedeciendo no sólo al principio de la lógica en el comportamiento, sino también transportando “el debate contradictorio” ausente en su país, -como él mismo afirma- a un foro español. Todos aquellos que conocemos y apoyamos a las gentes de Marruecos en sus desvelos por despejar el camino a recorrer hacia un modelo de sociedad menos contradictorio, no podemos hacer menos que señalar con perplejidad la discriminación que se practica ahora con Nadia Yasin y Ali Lmrabet. Y, además, reconocer la digna congruencia del “plante” que supone el argumento de Abdellah Taia, publicado en el conocido rotativo que se cita en líneas anteriores.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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