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Bermejo, cazado

martes 24 de febrero de 2009, 00:58h
La dimisión del hasta ayer ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, pone fin a una etapa marcada por la crispación y la ineficacia. Sazonados ambos con unos modos despectivos y arrogantes que han sido santo y seña de la actuación ministerial de Bermejo desde el primer al último día. Ayer anunció que dimitía, aunque, a la vista de lo que rezumaba su propio partido, más bien parece que “lo dimitieron”. En todo el asunto de la famosa cacería con Garzón, fueron reveladores la frialdad mostrada por la vicepresidenta De la Vega a al hora de defenderle, así como los pronunciamientos abiertamente contrarios de destacados socialistas como Jerónimo Saavedra, José Bono o Patxi López, éste último amigo personal de Zapatero.

Con todo, el episodio cinegético no ha hecho sino poner la guinda a una cadena de despropósitos que sitúan a Bermejo como uno de los peores ministros de la historia de la democracia. Su único mérito ha sido unir en torno a sí -o mejor dicho, en su contra- a la totalidad del mundo jurídico. Tuvo un grave enfrentamiento con los secretarios judiciales, a tenor del caso “Mari Luz”. Los funcionarios de justicia se pusieron en huelga, habida cuenta de las penosas condiciones en las que desempeñaban su trabajo. Pero, con ser esta huelga importante, la que marcó un hito fue la primera huelga de jueces en la historia de España, hartos no sólo de la calamitosa situación de la justicia y de la precariedad de medios con la que han de lidiar día a día, sino con la permanente e intolerable intromisión política que padecen. Hasta el propio Consejo General del Poder Judicial manifestó su profundo malestar ante las habituales ocurrencias del titular del ramo. Motivos éstos compartidos por todas las asociaciones judiciales, en una unidad de acción sin precedentes. Pocas veces ha habido semejante unanimidad en torno a una sola persona. Independientemente del discutible sentido de que un poder del Estado se ponga en huelga y de que los funcionarios de Justicia pudieran tener su cuota de responsabilidad en el conflicto, lo cierto es que jueces y funcionarios sólo obtuvieron de Bermejo malos modos y descalificaciones. Como, por otra parte, les ha ocurrido a todos los que no se plegaban a su dictado.

Quizá por todo ello se ha precipitado una dimisión que busca aportar algo de sosiego a la recta final de la campaña electoral vasca y gallega. Ahora, la consigna socialista es “que el PP se aplique el cuento”. Y puede que no les falte cierta razón, aunque también es cierto que, a raíz de la “operación Gürtel”, desde la sede popular de Génova se apresuraron a comunicar la dimisión del que era alcalde de Boadilla, Arturo González Panero y del gerente del Mercado Puerta de Toledo, Guillermo Ortega, al mismo tiempo que Esperanza Aguirre cesaba a su consejero de Deportes, Alberto López Viejo. En este contexto, el PP debiera ser el primer interesado en seguir aclarando situaciones y depurando responsabilidades, con “cacerías” o sin ellas. Mientras tanto, el PSOE bien debiera dejar de revolver en casa ajena y poner orden en la propia.
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