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Obama mira hacia Europa: ventajas y costos del multilateralismo

martes 24 de febrero de 2009, 22:31h
La reunión que tuvo lugar ayer tarde en Washington entre la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton y el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación español, Miguel Angel Moratinos, hay que encuadrarla dentro de la agenda europea que se ha marcado Obama desde su llegada al poder. No en vano, antes de Moratinos pasaron por la capital estadounidense los cancilleres de Inglaterra, Francia, Alemania y República Checa, éste último en calidad de representante diplomático del país que ostenta este semestre la presidencia de la Unión Europea.

Es aquí donde se empieza a notar que corren nuevos aires en la diplomacia norteamericana. La administración Obama ha elegido cuidadosamente los interlocutores con quienes tenía intención de cambiar impresiones. Es sabido que en política las formas son casi tan importantes como el fondo, y la agenda diplomática de Hillary Clinton con respecto a Europa es buena prueba de ello. Inglaterra es su aliado de siempre, y junto con Francia y Alemania, forma parte del núcleo duro de las potencia europeas, con permiso de Italia. Recibir a la República Checa implica dar trato de igual a la Unión Europea. Y en el caso de España, se pretende superar la mala sintonía entre Zapatero y Bush y aprovechar la ansiedad española por “hacerse una foto” que rectifique la frivolidad antiamericana del gobierno Zapatero. Pero que nadie se lleve a engaño. El multilateralismo de la actual administración norteamericana incorpora a los aliados al centro de la política exterior americana. Pero el participar tiene su precio: estos encuentros no son sólo una muestra de cortesía, de modo que los Estados Unidos pedirá ayuda a sus aliados europeos y les exigirá contrapartidas. Por un lado, el desmantelamiento de Guantánamo exige un esfuerzo logístico importante, de ahí que una de las peticiones que ha hecho la Secretaria de Estado norteamericana haya sido la de que otros países acojan a parte de los que están allí detenidos. Por otro, las dificultades en misiones como la de Afganistán hacen imprescindible que la comunidad internacional redoble sus esfuerzos en un frente que a todos compete. Más ayuda económica y militar se antoja fundamental; ésa es la otra gran demanda de Hillary Clinton.

Por otro lado, conviene recordar que las relaciones entre España y Estados Unidos han tenido como denominador común el buen entendimiento y la cordialidad existente entre dos naciones amigas. No era una mera cuestión de simpatías, sino sobre todo de intereses nacionales. A España le convenía mantener una relación fluida con la primera potencia mundial. Siempre había sido así. Pero el desplante del entonces líder de la oposición, José Luís Rodríguez Zapatero, al paso de la bandera norteamericana en un desfile, junto con una serie de desencuentros y torpezas cuyo máximo responsable es el ejecutivo español, enfrió lo que hasta entonces era una relación modélica. España tiene una especial vinculación con Hispanoamérica, estrechos lazos con el mundo árabe, y un emplazamiento geopolítico privilegiado. Motivos más que suficientes como para que Washington tenga interés en tender puentes con Madrid. Parece que, ahora que está Obama, Moncloa se muestra más receptiva. Dicha receptividad bien debió de haber llegado antes porque, si bien para los EE. UU. la relación con España es importante, para España es vital Los intereses nacionales están por encima de las preferencias personales de algunos políticos y del teatro del sondeo. Porque la política de Estado responde a intereses estructurales que trascienden a gobiernos y elecciones coyunturales.
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