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Alcántara, el puente

sábado 28 de febrero de 2009, 00:09h
“Todos los caminos conducen a Roma” dice el dicho popular, y el dicho se cumplía cuando el Imperio Romano estaba en el apogeo de su grandeza, gracias a una amplia red de calzadas que conectaba el último asentamiento, el más alejado de los municipios, los más septentrionales o meridionales de los limes con la capital imperial. Todos los caminos convergían en Roma. Una espléndida red viaria atravesaba el Imperio de norte a sur de esta a oeste. Permitía un rápido y eficaz traslado de los ejércitos, propiciaba la defensa de todas las poblaciones y facilitaba las relaciones económicas y sociales. Esa amplia red de caminos atravesaba llanos, subía montañas, vadeaba valles y salvaba ríos. Para poner en marcha tan eficiente entramado de comunicaciones, ingenieros y arquitectos alcanzaron grandes conocimientos y destrezas técnicas y desarrollaron una sofisticada tecnología que se muestra en todo esplendor en un punto esencial de la red vial: los puentes.

La Hispanía romana nos ha legado un número importante de puentes. Muchos de ellos todavía en uso como los de Mérida, Salamanca o Córdoba. Pero sin duda el puente por excelencia, el más relevante de los que quedan en píe, y uno de los más hermosos del Imperio es el de Alcántara, el puente por antonomasia ya que tomó el nombre, junto al de la villa donde se asienta, de la palabra árabe que significa puente: Al Qantarat.

El puente de Alcántara, situado a 11 kilómetros de la frontera portuguesa y a 63 de Cáceres, comunicaba varios municipios de la región del norte del Tajo con la región sur en lo que entonces era la Lusitania. Se levanta en un terreno áspero y pedregoso, con elevaciones y pequeños valles encajonados. La misión del puente era salvar el cañón por el que transcurre el río Tajo en la zona. El resultado, una obra grandiosa, un monumento expresión del poder y superioridad de Roma frente a los pueblos conquistados. Una magnífica obra de la ingeniería romana, pese a su construcción en una vía secundaría, no en calzada principal.

Las dimensiones del puente son impresionantes. Tiene 214 metros de largo y consta de seis arcos de desigual altura, que descansan sobre cinco pilares y dos estribos, también a distintas alturas sobre un terreno rocoso. La altura máxima, correspondiente a los arcos centrales, tiene 48 metros. Las diferentes medidas no son producto de un capricho sino de la necesidad de salvar un cauce profundo y crecidas de caudal importantes. La calzada que atraviesa el puente tiene una anchura de ocho metro y toda la fábrica está levantada con magníficos sillares de gramito.

En el centro del puente todavía se mantiene en píe un arco de triunfo en honor del emperador Trajano “hijo del divino Nerva, vencedor de Germanía y Dacia, Pontífice máximo, Padre de la Patria” tal como figura en una placa de bronce en la parte alta del arco. Se le dedicó al primer emperador hispano porque el puente se construyó entre los años 104 y 106, durante su reinado. Carlos V, en cuya época se llevó a cabo una de las varias restauraciones de las que ha sido objetoel puente, añadió una águila bicéfala y almenas, así como otra placa a uno de los lados del arco en que consta su intervención. Al otro lado, una segunda placa recuerda a Isabel II en cuyo reinado también se repararon dos arcos, destruidos durante la Guerra de la Independencia. Dado su condición fronteriza, Alcántara ha sufrido numerosos embates bélicos.

A la entrada del puente desde la villa de Alcántara, se levantó un templo, cuyo parecido al de los atenientes de Delfos es innegable. En una inscripción se atribuye la construcción a Gaius Iulius Lacer que lo diseño para “que durare tanto cuanto el mundo durare”. De Lacer se ignora casi todo. Si era indígena o llegó de algún otro lugar del inmenso Imperio. Desconocemos su edad y su condición. Ignoramos si era arquitecto o ingeniero o ambas cosas a la vez como era costumbre en la antigüedad. De lo que si estamos seguros es que Gaius Iulius fue el diseñador de una obra, en teoría menor, que le encargaron once municipios de la Lusitania, once comunidades perdidas entre montes y valles, Los once municipios de la Lusitania le encomendaron un arduo trabajo: un puente que salvase el río Tajo y facilitase las comunicaciones entre Norba (Cáceres) y Coninbriga (Condeixa-a-velha). Gracias a este encargo, Lacer se convirtió en el autor de un poema artístico labrado en piedra que permanece en píe diecinueve siglos después. Un puente, único y excepcional, el mejor conservado de los construidos por el Imperio Romano.

Casi fue un milagro levantar en la aquellos parajes, en una vía menor. un puente tan hermoso, tan espectacular, tan impresionante, y de tanta calidad que pese a las guerras, la incuria, el abandono, todavía se mantiene en pie y sigue dando el servicio para que el nació: salvar el río Tajo y facilitar el tránsito por aquellas tierras tan lejanas a los centros de poder, aquellas tierras humildes, sin influencia. Alcántara es el puente romano más importante, más singular y mejor conservado de todos los que nos legó la Hispania romana. Un ejemplo de monumentalidad, sólido y firme, lleno de valores estéticos, históricos, simbólicos y científicos. Una obra de gran hermosura.

Desde la parte alta de puente se disfruta de un Tajo encajonado camino de Lisboa. Ya no sufre avenidas. Al otro lado, mirando hacia el este, nos topamos con la presa del “Embalse José María Oriol”, más conocido como el pantano de Alcántara. En esta obra, la tecnología civil de dos épocas se dan la mano.

El puente de Alcántara merece un viaje hasta las fronterizas tierras de Cáceres. También lo merece la villa de Alcántara, reconquistada a los árabes por Alfonso IX de León en 1221, cuna de San Pedro de Alcántara, místico reformador de la Orden Franciscana y cuna también de la Orden Militar de Alcántara que fue fundada allí en 1176. Hoy, Alcántara es un municipio que alberga un importante patrimonio histórico-artístico, con murallas árabes, sus palacios, la judería con sus calles empinadas, arcos y una sinagoga, pero y sobre todo, sobresale el Convento de San Benito, casa matriz de la Orden de Alcántara.

Isabel Sagüés

Periodista

Isabel Sagüés es periodista y MBA en Administraciones Públicas y Master en Comunidades. Ha dirigido entre otras entidades culturales sin ánimo de lucro la Fundación Canalejas y la Fundación ICO

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