Crónica
Aniversario de la muerte de Raúl Reyes: la guerrilla huérfana
sábado 28 de febrero de 2009, 00:57h
El primero de marzo de 2008 se cumple un año de la muerte del número dos de las FARC, Raúl Reyes, en manos del Ejército colombiano. El operativo militar, que tuvo lugar en la frontera colombo-ecuatoriana, no sólo supuso un delicado conflicto diplomático entre ambos países, sino el golpe más duro que ha recibido el grupo narcoterrorista desde la muerte de uno de sus fundadores, Ciro Trujillo, hace cuatro décadas.
En el denso territorio selvático del departamento de Putumayo, aquel lugar fronterizo y casi invisible de la geografía suramericana que divide a Ecuador de Colombia, fue abatido por el ejército colombiano, el guerrillero de las FARC Luis Edgar Devia Silva.
A simple vista este nombre no significa nada. De hecho puede pertenecer a uno de los tantos colombianos que por voluntad propia, extorsión, idealismo o bien necesidad, se decantan por las armas y terminan enlistándose en las filas de la guerrilla. No obstante, Luis Edgar Devia Silva, ciudadano nacido el 30 de septiembre de 1948 en un pueblo llamado La Plata, en el departamento de Huila (Colombia), es la verdadera identidad de Raúl Reyes. La intransigente, vehemente y escurridiza figura que ocupó el puesto número dos del grupo terrorista más antiguo e influyente de la geopolítica latinoamericana.
Caído Reyes se descompone el mito de una organización que desde hace casi veinte años,- justo después de la muerte del gran Lord de la droga Pablo Escobar-, sacrificó sus ideales para convertirse en un eslabón más, de la lucrativa industria del narcotráfico.
Aquella armada revolucionaria que nació en el seno del pensamiento marxista-leninista, en un período marcado por una brutal violencia política; es en la actualidad, un ejército de narcotraficantes, carentes de un norte ideológico que sustente o justifique sus acciones. Sin Manuel Marulanda (Tirofijo), Jacobo Arenas y Raúl Reyes, las FARC se quedaron huérfanas de ideólogos y mentores.
La ausencia de una cúpula dirigente en una de las guerrillas con mayor número de militantes en el mundo, representa un duro revés para el ejército insurgente, que si bien va a continuar con su política de secuestros y extorciones, no cabe duda que desde el fin de Reyes, al grupo guerrillero se le acabó la última bocanada de oxigeno cien por ciento revolucionario. Ahora lo único que le queda son los lugartenientes de segundo nivel, el amparo de condiscípulos aliados en la región, entre los que se encuentran algunos Jefes de Estado, y las clandestinas plantaciones de la “Boliviana Negra”, una valiosa coca resistente a los herbicidas, que se ha convertido en una fuente valiosa de sustento e incluso, en el aval que garantiza la sobrevivencia del movimiento.
Pese a los duros golpes que en el último año ha recibido esta narcoguerrilla, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia aún no tiene fecha de caducidad, debido a que el camino para erradicar este tipo de organizaciones terroristas es un largo sendero con muchos kilómetros de recorrido por delante y varios obstáculos a vencer. Entre ellos, el de una potente industria que moviliza diariamente millones de euros, y que ha sido capas de adoptar para su beneficio, los ideales de una lucha armada que ya tiene 50 años. Una ideología que comenzó a desfallecer el 1ero de marzo de 2008, con el último suspiro de vida de Luis Edgar Devia Silva, la identidad inédita del número dos de las FARC.