Todos ganan…pero menos
lunes 02 de marzo de 2009, 23:12h
Las intervenciones de los líderes políticos en las noches electorales suelen mostrarnos un curioso espectáculo: Todos se sienten ganadores y, aparentemente, todos encuentran motivos para sentirse satisfechos. La noche del pasado domingo fue una nueva manifestación de esta pauta, salvo por lo que hace a los socialistas y nacionalistas gallegos que, cuando el escrutinio ya no admitía dudas, reconocieron abiertamente su derrota y felicitaron al vencedor, Núñez Feijóo. El PP vuelve a gobernar en Galicia y lo cierto es que nunca debió dejar el gobierno de aquella región porque su ventaja en votos y escaños respecto de su inmediato seguidor, el PSOE, ha sido siempre tan notable que sólo esos enjuagues postelectorales a los que tan aficionados son los socialistas pudo lograr su desplazamiento hace ahora cuatro años. Estas elecciones podrán ser históricas si sirven para que el PSOE comprenda dos importantes criterios indispensables en una democracia madura. Primero, que no se puede uno aliar con cualquiera con tal de llegar o mantenerse en el poder y menos con quienes se sitúan contra la Constitución, no ocultan su voluntad independentista ni creen en España, único fundamento de este sistema político. El segundo es que es inadmisible en una democracia hacer del aplastamiento del principal adversario, de su exclusión del juego político, el norte de la actuación política. Si el PSOE aprendiera ya estos rudimentos de una vida política civilizada podríamos darnos todos por satisfechos. Ahí, ganamos todos.
En las elecciones vascas la paradoja del gana-pierde es bien patente. Las cifras dan la victoria al PNV pero vistos el conjunto de los resultados es evidente que los nacionalistas han perdido la hegemonía de que han disfrutado desde hace más de veinte años, generando en el País Vasco ese inmovilismo tan perjudicial para todos menos para ETA. Ahora queda en manos de los socialistas llevar a término el deseado vuelco, haciendo que los nacionalistas pasen a la oposición. Si, por el contrario vuelven donde solían hace años, esto es a apuntalar al PNV facilitando su permanencia en el poder, habrán traicionado las expectativas de tantos españoles que por obvias razones de higiene política desean que en el País Vasco los nacionalistas dejen el gobierno y durante una buena temporada se instalen en una saludable oposición, que será beneficiosa incluso para ellos mismos. En resumen, o el PSOE hace realidad la prédica constitucionalista a la que ha recurrido tan a menudo en estos últimos tiempos y eso significa que se tiene que entender con el PP o cae de nuevo en la tentación de la transversalidad y se entrega en manos del PNV, en una nueva manifestación de la política que se inició con el Pacto del Tinell: Nada con el PP. De entrada esa actitud les puede resultar muy cómoda pues hasta producirá réditos en el Congreso de los Diputados, pero a la larga lo pagarán necesariamente, quizás en las próximas elecciones, tanto en las europeas como en las generales. Zapatero puede seguir jugando a aprendiz de brujo, pero ya se sabe que quien practica ese juego acaba irremediablemente chamuscado, antes o después. Ya se sabe cómo acaban las “cacerías” como la que, con ayuda de un juez desaprensivo, se ha montado por y para estas elecciones.
En estas elecciones ha habido también un vencedor a título personal, Mariano Rajoy, y no sólo en cuanto presidente del PP que ha tenido unos resultados espléndidos en Galicia y determinantes en el País Vasco. Durante muchos meses Rajoy ha sido objeto de una operación político-mediática de acoso y derribo como no se había visto desde que se inició la democracia. Elementos de fuera, pero también algunos desde dentro del partido, han intentado por todos los medios que Rajoy abandonara y no ha cejado en ese empeño, para gozo y regocijo de los socialistas, únicos beneficiarios de la operación. Rajoy les ganó la batalla del congreso de Valencia y, desde entonces, con mucho sentido común y conociendo mejor que quienes le acosaban el terreno que pisaba y el entorno político del momento ha sabido dirigir al partido por unas más que procelosas aguas. En estas dos campañas electorales se ha empeñado a fondo, muy especialmente en las gallegas, y el resultado no ha podido ser más brillante. La victoria del PP en Galicia es en muy buena medida una victoria personal suya, sin quitarle ningún mérito a Núñez Feijóo, que ha demostrado ser un espléndido candidato y que, conocida su trayectoria de servicio público, será sin duda un buen presidente de la Xunta. No se equivocó el PP a designarle como candidato, como no se equivocó al poner a Basagoiti al frente del PP vasco. No era muy favorable la situación en que se hizo cargo de ese compromiso y en muy pocos meses ha demostrado que tiene madera de líder y que no le asustan las complejidades de la política vasca.
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Catedrático de la UCM
ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular
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