Frente a los 4.000 millones de euros que costaría construir una nueva planta, las inversiones para mantener las ya existentes rondan los 15 millones anuales. Instalaciones como la de Santa María de Garoa (Burgos) piensan ya en alargar su período de vida. La operación a largo plazo de las plantas permitiría prorrogar su actividad dos décadas más de los 40 años inicialmente previstos en su diseño. Por Cristina Carbón.
La próxima renovación de la autorización de explotación de la central nuclear de
Santa María de Garoña, en la provincia de Burgos, ha reabierto el debate sobre la posibilidad de prolongar la vida de estas instalaciones.

La esperanza de vida media de una planta contemplada en su diseño es de 40 años, si bien en España el período de funcionamiento no tiene un plazo fijo, sino que depende de las autorizaciones emitidas por el Ministerio de Industria cada diez años.
Por este motivo, una parte importante de las actividades de Santa María de Garoña están orientadas a la renovación de la licencia, con los ojos puestos, eso sí, en el funcionamiento a largo plazo.
¿Qué es la operación a largo plazo?El
funcionamiento a largo plazo de las centrales nucleares consiste en la operación continuada más allá del período de vida inicialmente considerado en su diseño. Para ello es necesario realizar una evaluación de seguridad que garantice que se mantienen los requisitos aplicables a los sistemas, estructuras y componentes de la misma.
La principal ventaja de prolongar la vida de las centrales nucleares es que "
no requiere inversiones tan fuertes como en el caso de la construcción de una nueva", según confirmaron a EL IMPARCIAL fuentes del
Foro Nuclear.
Sin embargo, este colectivo denuncia que "la operación a largo plazo de las centrales nucleares depende más de la aceptación pública y de decisiones políticas que de la viabilidad técnica".
El Foro Nuclear considera que "el período de diseño de 40 años previsto inicialmente para una central nuclear resulta una hipótesis conservadora, ya que el tiempo y las mejoras técnicas de los equipos han demostrado que tienen lugar menos situaciones de inestabilidad para la planta que las previstas inicialmente".
Tanto es así que las nuevas unidades que se están poniendo en servicio en el mundo, así como las que se están diseñando y construyendo incorporan períodos de funcionamiento superiores. Así, por ejemplo, el nuevo reactor que se está construyendo en la
central de Olkiluoto, en Finlandia, está diseñado para funcionar, al menos, 60 años.
En Estados Unidos, por su parte, 90 de los 104 reactores en funcionamiento operarán durante un período de 60 años, puesto que el Organismo Regulador está renovando las licencias por un plazo adicional de dos décadas.
Suiza y Francia van más allá. Ambos países han concedido autorizaciones de operación por tiempo indefinido, si bien en Gobierno galo obliga a realizar una amplia revisión de seguridad a los reactores de más de 30 años.
El caso españolEspaña tiene en funcionamiento ocho centrales nucleares a día de hoy y no hay ninguna en proyecto. La más antigua de ellas es la burgalesa de Santa María de Garoña, que comenzó a funcionar en mayo de 1971 y que en 2009 debe renovar su autorización.

Las siete restantes –Almaraz I y II (Cáceres), Ascó I y II (Tarragona), Cofrentes (Valencia), Vandellós II (Tarragona) y Trillo (Guadalajara)- fueron puestas en marcha en los años 80 y deberán rendir cuentas al Ministerio de Industria entre 2010 y 2014.
Todas ellas han puesto en marcha diversas iniciativas para mitigar su envejecimiento mediante la sustitución progresiva de los componentes y los equipos principales. Aunque el coste de estas operaciones puede variar de una central a otra, el valor medio aproximado es de
15 millones de euros anuales, frente a los 4.000 millones que costaría una de nueva construcción.
De este modo, el coste de generación de los años adicionales una vez superados los 40 es un 48 por ciento menor que el de una planta de nueva construcción.
Prolongar 20 años el funcionamiento de los reactores españoles permitiría reducir la importación de 100 millones de barriles de petróleo al año y contribuiría a frenar el cambio climático, evitando la emisión anual de 40 millones de toneladas de dióxido de carbono.
Además, según el Foro Nuclear, España necesitará construir nuevas centrales nucleares a medio plazo hasta alcanzar el 30 por ciento de la producción eléctrica como en el resto de la Unión Europea.