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Zapatero, un año después: realidades frente a imágenes

lunes 09 de marzo de 2009, 22:22h
Ayer se conmemoraba en España el primer aniversario de la segunda legislatura de José Luís Rodríguez Zapatero. Y lo que en condiciones normales habría sido una sonada efeméride, transcurrió de forma más que discreta, como si tal cosa. Señal inequívoca de que Moncloa no anda especialmente satisfecha con la marcha del país. No es para menos. Hace ahora un año, se celebraban en España las primeras elecciones tras la masacre de Atocha y, precisamente por eso, se las esperaba como agua de mayo. Hacía falta restañar muchas heridas y qué mejor bálsamo que las urnas. Fuese cual fuese el resultado electoral, la vida política ya no estaría marcada por un atentado, algo por otro lado imprescindible para el devenir cotidiano de la sociedad.

Ganó el PSOE, con una holgada pero insuficiente mayoría. Y si la legislatura anterior estuvo marcada por el chantaje nacionalista, la presente se ha venido caracterizando por una crisis que, hace aún pocos meses, era todavía considerada poco menos que un invento de la derecha más catastrofista. Del pleno empleo que prometía el PSOE se ha pasado a generar más de un millón de parados en sólo un año. Y lo peor es que parece que el desempleo seguirá creciendo y el tejido industrial deteriorándose. Visto lo cual, resulta inconcebible que desde el Gobierno se intente echar balones fuera, tildando de exógenas las causas de la recesión. Si eso fuera cierto, significaría que el PSOE ha estado cinco años sin hacer absolutamente nada. Y si no lo es, alguna responsabilidad tendrá en las medidas que han desembocado en la actual situación de emergencia económica. Porque el hecho es que España es el país con mayor tasa de paro de toda la Unión Europea, el doble o más de esos países extranjeros a los que el Gobierno responsabiliza en exclusividad de la crisis.

Pero hay más. En el ámbito de la justicia, nunca han estado tan mal las cosas como ahora. Es verdad que la carencia de medios humanos y materiales ha sido una constante en la historia jurídica española. Pero ha sido con el señor Zapatero cuando España ha sido testigo de dos huelgas especialmente relevantes: una, de los funcionarios de justicia; y otra, inédita, de jueces. Al frente de todo ello, el dimitido ministro de Justicia Mariano Fernández Bermejo, cuya ineficacia ha sido sólo comparable a sus malos modos. Algo parecido sucede con la ministra de Fomento, Magdalena Alvarez, cuya incompetencia y extravagancias han dejado a la mayoría de la opinión española estupefacta. Pero eso no es todo. También hay un ministerio de Igualdad con una ministra que habla de “miembros y miembras” y habilita teléfonos para que los maltratadores llamen antes de cometer alguna salvajada y se calmen un poco. Por no hablar de Miguel Sebastian, quien desde Industria ha comprado millones de bombillas de bajo consumo que nadie ha ido a recoger. Brillante. Entretanto, la energía nuclear en el armario. Sin salir. Sin discutirse siquiera porque el señor Zapatero “ha clausurado” un debate en el que medio mundo está metido. Así las cosas, es comprensible que desde la sede socialista de la calle Ferraz se haya querido pasar de puntillas en una fecha tan señalada. Pero los hechos son tozudos y hablan por sí mismos. Por muchos gestos, guiños y por mucha política de titulares y pantalla con que se intente disimular la realidad.
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