Este miércoles Evo Morales defendió ante la sede de la Organización de Naciones Unidas en Viena, su campaña “¡Coca sí! Cocaína no!”. Una iniciativa impulsada por el mandatario boliviano que pretende legalizar el cultivo de la hoja de coca, a fin de sacar al controversial arbusto suramericano, de la extensa lista de sustancias estupefacientes. Por Sabrina Gelman
La despenalización del cultivo de la hoja de coca no es un objetivo nuevo para Evo Morales, quien antes de asumir la presidencia de Bolivia, fue en uno de los principales abanderados que abogó por los derechos de los miles cocaleros bolivianos que dependen del cultivo de esta diminuta hoja para su subsistencia. El problema es que si bien la
Erythroxylum coca se le atribuye importantes cualidades medicinales, lo cierto es que sus hojas verdes son la materia prima de uno de los narcóticos más cotizados y consumidos en todo el mundo: la cocaína.
Desde 1961 este arbusto de menos de 2,5 metros de altura que crece en los Andes suramericanos y en algunas regiones de India y de la Isla de Java, está catalogado por Naciones Unidas como una planta venenosa, razón por la cual, no es de extrañar que ocupe los primeros lugares dentro la vasta lista de sustancias estupefacientes del citado organismo internacional.
Aún cuando la ingesta de sus hojas es una práctica muy extendida entre las comunidades indígenas que habitan en los territorios de la Cordillera Andina, gracias a que en estado puro posee propiedades analgésicas que ayudan a contrarrestar algunas afecciones asociadas al “mal de alturas” como dolores de cabezas, mareos, desmayos y nauseas; la gran mayoría de los mortales conocen la otra cara de la coca, aquella que está asociada a ese polvo blanquecino que diariamente le reporta suculentas ganancias a los cárteles de la droga, a las narcoguerrillas y a los vendedores de turno, y que ha llevado a millones de personas a atravesar el oscuro laberinto de la adicción.

Este miércoles, ante el pleno de la sede de Naciones Unidas en Viena, el presidente boliviano aupaba la necesidad de “racionalizar” la siembra de la coca, a través de mecanismos de control que contribuyan a despenalizar su cultivo, con el propósito de permitir que los principales productores de la hoja, entre los que figuran Perú, Colombia y Bolivia se beneficien de su exportación, la cual estaría destinada exclusivamente al consumo tradicional y terapéutico. "Esta hoja de coca es medicina para los pueblos, no es dañina para la salud en su estado natural", recalcó Morales en su alocución.
Pese a lo bien intencionada que pueda parecer la causa de Evo Morales, quien posee un fuerte arraigo hacia este arbusto, debido a su pasado como cocalero; no cabe duda que una eventual legalización de la coca podría generar un profundo conflicto ético dentro la comunidad internacional, porque detrás de esta “planta medicinal” se cimenta una industria millonaria que le ha costado la vida a miles de personas, tanto en el frente de guerra colombiano y en las calles de las urbes mexicanas, como en las cuatro paredes que refugian el consumidor de cocaína.
Lamentablemente la coca “blanca” es mucho más rentable que la que se bebé o la que se mastica, por la sencilla razón de que una sociedad enferma y consumista es una mina de oro para el lucrativo negocio de la coca procesada. Un oficio en donde lo que realmente importa, son las torres de “billetes verdes” que en un solo día se pueden llegar a amontonar sobre la mesa.