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Evo y la coca

viernes 13 de marzo de 2009, 02:04h
La sede europea de Naciones Unidas en Viena acogía esta semana una peculiar iniciativa. Su impulsor, el mandatario boliviano Evo Morales, que ha emprendido una gira por medio mundo para alabar las bondades de la hoja de coca. Dejando a un lado las connotaciones que dicho debate pueda suscitar, resulta curioso que el presiente de un país con tantas carencias de todo tipo emprenda una cruzada semejante, a sabiendas del daño que la cocaína está haciendo a ambos lados del océano.

En este sentido, conviene hacer una distinción entre la hoja de coca en estado natural y cocaína como droga cuya base es la planta citada anteriormente. El arbusto de coca forma parte de la cultura andina, en general, y de la boliviana en particular. Tiene una serie de propiedades medicinales que son de sobra conocidas. Pero además es la materia prima principal de la cual se extrae una de las sustancias estupefacientes más mortíferas del planeta. Así, es mucho mayor el daño que produce que el posible bien que pueda generar. Y es verdad que su cultivo está profundamente arraigado entre los indígenas bolivianos, así como el consumo de sus hojas. Pero resulta difícil de entender que un suelo tan fértil como el boliviano sólo sea capaz de producir hoja de coca. Que no se prohíba su cultivo para que quienes le dan un uso natural lo sigan haciendo con arreglo a sus tradiciones, bien. Pero al mismo tiempo, Evo Morales podría emprender una reconversión agrícola y potenciar otro tipo de cultivos alternativos, menos nocivos para la humanidad y mucho más beneficiosos para un país con una fuerte tasa de población agrícola. Porque a estas alturas, pretender que la única alternativa viable en el altiplano es el cultivo de la hoja de coca no resulta muy creíble. Eso, o que el señor Morales en su época de cocalero masticó más hojas de las recomendables. Quién sabe.
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