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Los amores de Hannah y Martín

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 13 de marzo de 2009, 22:02h
El último libro de la sensitiva pensadora Isabel Sancho García, Hannah Arendt. La búsqueda de la condición humana (Institució Alfons El Magnànim, Valencia, 2008) es una espléndia biografía histórica – no es redundancia - y espiritual (entendiendo por histórico aquí lo visible y probado, siguiendo la etimología de histôría) de la gran pensadora judía y alemana Hannah Arendt. Gracias a la profunda intuición femenina y filosófica de la Dra. Sancho García se logra transcender a base de exquisita humanidad el temor de que la vida quede por debajo de la obra y rebaje su valor. En la vida de Hannah no pueden quedar obliterados sus amores sublimes, casi agustinianos (la tesis doctoral de Hannah fue precisamente El concepto de amor en San Agustín) con el genial filósofo Martin Heidegger, el autor ya inmortal de Ser y Tiempo, ni la vida del filósofo de Friburgo, sucesor de Edmund Husserl, puede adquirir un sentido completo, una plenitud cuajada, sin sus amores hacia aquella preciosa judía de inmensos ojos negros. Amores, por lo demás, adulterinos: Martin estaba casado con una mujer “de armas tomar” a la que también – reconozcámoslo - quería.

En la Historia de la Filosofía se han llegado a comparar los amores de Martin Heidegger y Hannah Arendt con los de otro gran maestro y brillante discípula: Abelardo y Eloísa, aunque sin las terribles consecuencias castrantes para Martin. Si bien la castración del corazón pueda ser cosa peor que la de los genitales. Abelardo fue la gran primera figura del intelectual moderno, del primer “profesor” europeo. Tiene 39 años y conoce el amor a través de los libros de Ovidio y no por experiencia. Eloísa tiene diecisiete, y su belleza es tan grande que aniquila la soberbia intelectual de su profesor. Entre aquel maestro y aquella alumna de principios del siglo XII se produce el coup-de-foudre. Del comercio intelectual se pasa pronto al comercio carnal. Ha nacido el amor que ya no morirá, que resistirá a los contratiempos y a la tragedia mutiladora. Además, Eloísa tiene un hijo de estos amores: se llamará Astrolabio (inconveniente de ser hijo de una pareja de intelectuales). Aunque Hannah no llega a quedar embarazada, como Eloísa, ni Martin es castigado por su mujer como lo fuera Abelardo por el tío de su amada, hay bastantes parecidos en estos amores (es difícil que las historias de amor no se parezcan), y, sobre todo, son muy parecidas algunas cartas de amor que las amantes escribieran a sus amados: Eloísa y Hannah. Desde luego Ovidio hubiera metido estos amores epistolares en sus magníficas Heroidas.

Alguien podría presentar como argumento crítico cierta “solidaridad femenina” que se percibe en este precioso libro de Dña. Isabel Sancho. En todo caso, la solidaridad es un valor moral incuestionable cuando se da entre las castas o grupos no privilegiados, o con aquellos que son o fueron infra classem, como el grupo de las mujeres de hoy con las de ayer. Lo que sí podríamos decir es que el hecho de que Dña. Isabel Sancho esté casada con el mejor filósofo metafísico español de los últimos treinta años haya podido quizás infundir en ella una cierta sensibilidad sobreañadida para entender ciertas cosas.

La cualidad que más nos llama la atención en este libro sobre la Arendt es su sagrado concepto de amistad, una amistad “fuerte, inquebrantable” que sólo se puede explicar y fundar en una generosidad cuasi infinita del alma judía (y cuerpo judío) de la filósofa alemana. Supo perdonar a Heidegger, a pesar de que el miedo contemporizador de éste con el nazismo no sólo le impidió rebelarse contra aquella tiranía despiadada, que debía haberle recordado a Creonte – él, tan buen comentador de los stásima sofocleos de la Antígona -, sino que sonrió al Führer y expuso palmariamente, junto a su mujer, una nazi integral, un insano desprecio al pueblo judío. El pueblo del que había salido la que durante casi veinte años (hasta su nacionalización norteamericana) fue una “paria” del mundo y de la que evidentemente se enamoró y llegó por ella a sentir celos por otros hombres que se enamoraron con mayor “honradez” (Hermann Broch, Auden, etc.). Quien tenía la suerte de ser amigo de Hannah, tenía un tesoro de humanidad infrangible. Y eso que la desilusión que tuvo que tener la autora de La condición humana por sus amigos durante la Guerra tuvo que dolerle más que las despiadadas acciones de la alimaña nazi. Al fin y al cabo los nazis eran lo que eran, pero los amigos...Mas hay quienes nacen para ser buenos, para llevar su cruz con alegría y hacer la vida amable a los demás, sin desfallecer jamás. Santos por nacimiento y condición natural. Las malas experiencias de Hanna Arendt no conseguirían enturbiar su sagrado concepto de la amistad: hasta usó su condición de judía después de la guerra para ayudar a su viejo maestro y darle así a conocer en Norteamérica, limpiando su nombre, que sin duda alguna se manchó. Y quizás fuera la mano de Hannah quien impidiese que Martin Heidegger sufriera un proceso educativo de desnazificación – otros los sufrieron por menos -.

El pensamiento democrático jamás podrás prescindir de libros como Human condition, Between Past and Future, The Origins of Totalitarianism, Crisis of the Republic, o de graciosas y felices sentencias como “Queing is the main feature of the Democracy”.

Profundo, inteligente, entretenido y apasionadamente sentido el libro de nuestra amiga Dña. Isabel Sancho García.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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