La Vida Religiosa en el Vaticano
miércoles 18 de marzo de 2009, 23:06h
Es curioso que Benedicto XVI nombrara a dos religiosos para cubrir dos relevantes cargos en la estructura de la curia vaticana. Tarcisio Bertone, salesiano, es Secretario de Estado, una especie de ministro de exteriores pero mucho más, y además Federico Lombardi, jesuita que se ha visto catapultado a la portavocía de la Santa Sede, en sustitución del excelente Navarro Valls. Por otra parte, pero en un escalón aparentemente más abajo, el también jesuita y mallorquín Luis Ladaria, es Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, lugar de enorme trascendencia para la vida teológica de la Iglesia. Y tantos casos más. Pero los de verdad relevantes son los primeros, que demuestran el aprecio del actual pontífice por la Vida Religiosa, tal vez un tanto olvidada en el anterior pontificado, probablemente por una visión un tanto recortada de la misma.
Dicho de otra manera, Benedicto XVI ha llevado a cabo en el seno del Vaticano una suerte de ecumenismo intraeclesial que conjuga los representantes de Movimientos con los de la Vida Religiosa. Unos aportan la sensibilidad de lo novedoso, mientras los otros regalan la experiencia de siglos de servicio a la Santa Sede. Pero en cualquier hipótesis se trata de un dato llamativo y que no ha sido suficientemente destacado.
Ahora, si bien este dinamismo ya está comenzando, los laicos, ellos y ellas, debieran de protagonizar situaciones de mayor calado, para que el ecumenismo comentado adquiera carta de ciudadanía completa, y la Iglesia vaticana reproduzca en su estructura la realidad eclesial tanto teológica como pragmática. Todos trabajamos para lo mismo: la extensión del Evangelio como prueba de la presencia del Reino de Dios en la historia humana. Y esta unidad en las intenciones estará bien que se manifieste en las responsabilidades. Ojalá.
|
Profesor de la Universidad Pontificia de Comillas
|
|