Bibiana y su flamenco
domingo 22 de marzo de 2009, 19:42h
Ha pasado ya una semana de la presentación, por parte de la Conferencia Episcopal Española, de la campaña contra el proyecto de ley que se está estudiando sobre el aborto. Una semana que nos hace analizar con más reposo y sin la vehemencia informativa del pasado lunes, la noticia.
Unos cuantos sabíamos que los obispos españoles iban a presentar una campaña publicitaria agresiva y muy bien hecha por cierto. Tan bien realizada, que ha salido muy barata pues la publicidad que han dado al acontecimiento los medios de comunicación y políticos en contra, ha bastado para dar el relieve suficiente a la misma. Hemos visto, oído y leído como los de siempre, los que critican todo lo que diga o haga la Iglesia sobre temas que nos atañen a “todos”, vuelvan a ponerse muy nerviosos. Tan nerviosos que son capaces de insultar sin ningún reparo a la Iglesia, es decir a todos los que somos creyentes.
Pero no importa si hay personas, como el docto directivo del parque de Doñana, que dice “hay que proteger al lince, porque hay pocos, mientras personas hay muchas, porque hay superpoblación”. Barbaridades así, nos reafirman en nuestras creencias. Esas barbaridades y las que día tras día pronuncia la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, que con sus palabras intenta convencer de lo que no puede, mejor dicho de lo que no sabe.
Ella, que llegó al ministerio de Igualdad, tras su brillante paso por la responsabilidad de la defensa del flamenco en la Comunidad Andaluza, hace ahora de flamenco, el animal, que en Doñana levanta una pata y mantiene un difícil equilibrio. Bibiana es la punta de lanza de Zapatero en el tema del aborto. Estos “progresistas” dicen “querer defender a la mujer” y apuntan que los “carcas” desean “su penalización”. Las manifestaciones del presidente andaluz, Chaves, son otro ejemplo. Al fin y al cabo el es jefe de esos “flamencos”.
Que tristeza de argumentos cuando la Iglesia, es decir todos los creyentes, lo que queremos es todo lo contrario: proteger a la mujer, ayudarla y salvaguardar los derechos del niño desde el momento mismo de la concepción. Pero aquí eso no es políticamente correcto. Para estas “bibianas” lo correcto es esconder una pata y dar vía libre a una ley de plazos, durísima y que abre todavía más el abanico del aborto.
A esta Bibiana y a los que la siguen, les quisiera contar como lloran niñas-jóvenes que abortan, no por el dolor físico naturalmente, sino por el trauma que les perseguirá toda su vida. El comité de expertos teledirigido por el círculo monclovita, ha pretendido que esas niñas-jóvenes vayan al matadero sin el consentimiento paterno, lo que hará que muchas clínicas abortistas se estén frotando las manos. Habrá marcha atrás en esa decisión, gracias entre otras cosas, a la presión de la Iglesia Española, que vuelvo a recordar, somos todos los católicos y no sólo la Jerarquía.
Estoy seguro que la ley no saldrá adelante. Ahora es una cortina de humo para tapar otras irresponsabilidades gubernamentales. Dentro de unas semanas, si se atreven a presentar la ley en sede parlamentaria, recibirá el “no” de nacionalistas vascos y catalanes, pues estos añadirán a su malestar ante los socialistas, el que son partidos de concepción católica. Y mientras, y cuanto me alegro, Bibiana haciendo de flamenco, no de faralaes, sino de Doñana, con el peligro de perder el equilibrio y volver a donde nunca tuvo que salir, es decir a las aguas poco profundas de la incultura.