La coalición “Kosher” de Bibi Netanyahu
lunes 23 de marzo de 2009, 22:38h
Este lunes los ciudadanos israelíes se desayunaron con la noticia de que el electo Primer Ministro, Benjamín Netanyahu, mejor conocido por el apodo de “Bibi”, había conseguido formar coalición con el partido ultra ortodoxo Shas, a cambio de cuatro carteras ministeriales dentro del nuevo gobierno, entre las que se encuentra, los estratégicos cargos de vice-primer ministro y ministro de Interior, que irán destinados al vigente ministro de Industria y a su líder de la formación religiosa, Eli Yashai.
La plataforma, fundada en 1984 por el rabino Ovadia Yosef, bajo los principios ideológicos de la Halajá (ley judaica), es uno de los movimientos políticos más influyentes dentro de la administración israelí. Sobre todo, a partir de las elecciones de 1999, donde el partido comenzó a tener representación dentro del Kneset (Parlamento) con más de diez escaños.
La actual coyuntura geopolítica en la que se ve inmerso el Estado de Israel ha hecho que sus ciudadanos apuesten por un endurecimiento de la línea de gobierno. Las constantes decepciones y desencuentros (de los Acuerdos de Oslo de 1993, de Camp David 2000, de la Hoja de Ruta de 2003; sumados al asesinato de Yitzhak Rabin, a la muerte de Yasser Arafat, a los estragos de la segunda Intifada, los desaciertos de las políticas de Kadima y Al Fatah , la ascensión al poder de Hamas en los territorios de la ANP), así como la segunda guerra del Líbano y la reciente ofensiva por parte del Tzáhal a Gaza, ha empujado a la sociedad israelí a desmarcarse de todas aquellas posturas ideológicas que supongan un sinónimo de negociación.
La política conservadora y nacionalista del Shas, aliado natural del Likud, parece encajar con una sociedad cuyo proceso de radicalización es la respuesta a la misma radicalización a la que está siendo sometido el pueblo palestino. Y es que, lamentablemente, la política doméstica en los países de Oriente Medio bajo un estatus de beligerancia como el que se encuentra Israel, está supeditada a los eventos que ocurran dentro de su vecindario.
Los partidarios de Shas -un nombre que es el diminutivo del hebreo de Shishá Sedarim (el sexto orden), término aplicado al orden de los seis libros del Mishná (Ley Oral)- ven en la preservación del Estado de Israel más un asunto sagrado que político, por cuanto la posibilidad de negociar territorios por paz, una alternativa que permitió la firma de los acuerdos de 1978 y 1993, es prácticamente impensable.
Esta postura fue la que proporcionó la coartada política para el magnicidio de Rabin, lo cual ha ocasionado que las arduas negociaciones para llegar a un diálogo con los palestinos, iniciadas en Madrid en 1992, se sitúen en punto muerto, y que dos pueblos golpeados por la historia no intercambien más que balas y piedras.
Confiamos que el pragmatismo que ha avalado la trayectoria de Benjamín Netanyahu, se imponga por encima del delirio religioso, a fin de poder reconducir a Israel, si aún todavía no por la senda de la paz, por lo menos por el camino de la negociación. Pero según los vientos que soplan, esto suena más a utopía que a un “quizás”.