Los toros y misterio de la economía
miércoles 25 de marzo de 2009, 21:21h
En 1930 escribe Jardiel Poncela en el diario Informaciones varias «Cartas al Tío Robbie», o más precisamente, a Roberto Fly, con domicilio en el 47 de Coward Road, Edimburgo (Escocia). «Cartas de un español que no comprende las cosas de España a un inglés que intenta comprenderlas», según reza en el subtítulo. La primera de ellas —no podía ser de otra manera— se titula LOS TOROS. El escritor, que nunca fue aficionado, ni se interesó apenas por este arte, hace, sin embargo, una observación de enorme interés, una verdadera lección para estos tiempos de crisis: «El sol da de lleno en la llamada “entrada de sol”, y cuida de no tocar con uno solo de sus rayos en la llamada “entrada de sombra”. ¿Cómo se las arregla el sol para no salirse de los límites que le marcan los precios de las localidades? Nunca me lo he explicado y, por muy grande que sea tu afán tampoco tú te lo explicarás.»
Muy cierto. Por lo visto Jardiel —hombre viajado y con asignatura mundo, apreciado y admirado por Chaplin, que trabajó para la Fox en Hollywood en varias ocasiones—, un año después de la gran depresión económica del 29, tenía ya ciertas incertidumbres sobre el bien guardado misterio de la economía, que nadie le supo resolver. Y es que aquello de que los hombres, la vida, la tierra, los planetas, las galaxias y el propio sistema solar se adaptasen a las reglas económicas dictadas por los empresarios, le parecía, en buena lógica, más inverosímil que su contrario: inexplicable premisa falsa, en los antípodas de lo razonable, cuyo término menor contiene al mayor y lo somete a sus leyes.
Hoy, la humanidad, entera y perpleja, se hace la misma pregunta que Jardiel, desatadas las leyes del razonamiento aristotélico por la nueva depresión económica del 2008: ¿Cómo se las arreglaba el común de los mortales para seguir las normas económico-financieras que marcaba Occidente? ¿Era impracticable que el sistema económico se adaptase un poco a las exigencias básicas de los terrícolas? ¿Cómo era posible que la producción, el trabajo de los hombres, las desigualdades pavorosas, el sufrimiento mayoritario, el concepto surrealista del consumo, el juego de intercambio virtual del dinero, la sobreexplotación, el dolor, la acumulación insólita y desproporcionada de riqueza, rodaran tranquilamente por la alfombra roja desenrollada a través de océanos y ríos, selvas y desiertos, montes, campos, pueblos y ciudades del planeta tierra, para acceder a la sede del SEVIFEM*? Sólo se me ocurre decir lo mismo que Jardiel escribió al tío Robbie: “Nunca me lo he explicado y, por muy grande que sea tu afán tampoco tú te lo explicarás”. Lo extraño era que la crisis tardase tanto en estallar. Al parecer el sol, harto de seguir las leyes dictaminadas por la ERO**, entró con sus rayos en las localidades de sombra.
Otro día les contaré más reflexiones de Jardiel sobre los toros. La descripción de una corrida no tiene desperdicio.
*Sistema Económico Virtual de la Felicidad Mundial. Estas siglas son universalmente conocidas como GHEVS (Global Happiness Economic Virtual System). No lo escribimos en su idioma original por la constatada dificultad que nos entraña su pronunciación a la mayoría de los lectores hispanohablantes.
**Empresa de Riquezas de Occidente. OWE (Occidental Wealth Enterprise) en su lengua original.