El 6 de abril el tribunal de Roma determinará si se lleva a juicio o no al ex jefe de la Armada argentina Emilio Eduardo Massera, por la desaparición forzosa de tres ciudadanos italianos durante la dictadura de Jorge Rafael Videla, durante los años de 1976 y 1981. Un triste capítulo de la historia de América Latina, cuyo final aún se encuentra en puntos suspensos.
A sus 83 años Emilio Eduardo Massera, ex almirante de la Armada argentina, muestra signos de un pasado que le cobra factura y no precisamente la del paso del tiempo. El que fuera el ojo derecho del dictador Jorge Videla y uno de los cerebros que encabezó la Junta Militar que derrocó en marzo de 1976 al gobierno de la viuda de Juan Domingo Perón, María Estela Martínez; le llegó la hora de rendir cuentas a la justicia.
El próximo 6 de abril el tribunal de Roma iniciará un proceso que podría llevar a Massera a juicio por su implicación en la desaparición forzosa de Ángela María Aieta, madre del diputado argentino y otrora líder de las Juventudes Peronistas, Dante Gullo; así como en los secuestros de Giovanni Pegoraro, el de su hija Susana, y el de la hija de ésta, nacida en una de las tantas prisiones clandestinas de la dictadura, cuyo destino aún se desconoce. Posiblemente la pequeña, que de estar viva rondaría los 31 ó 32 años, se sumaría a la larga lista de niños, que por ser hijos de disidentes, fueron desprendidos de sus padres biológicos para ser “reinsertados” en hogares de militares y funcionarios afines al régimen.

Estas víctimas, fueron parte de los números que engrosaron los expedientes de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), que terminó siendo el mayor centro de reclusión de Argentina. Por sus pasillos llegaron a desfilar más de 5.000 prisioneros que fueron vejados, torturados y desaparecidos por el régimen. Un antro sórdido que ahogaba los gritos de quienes se encontraban entre sus paredes, y que operaba bajo las ordenes de Emilio Massera.
Con el fin de la dictadura, y tras de haber vivido dos años en relativa tranquilidad durante los gobiernos de facto de Roberto Viola, Carlos Alberto Lacoste y Leopoldo Galtieri, los fantasmas del ex almirante de Videla comenzaron a perseguirle. El 1983 el presidente Raúl Alfonsín creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) para investigar los crímenes de lesa humanidad ocurridos durante la denominada Guerra Sucia (1976-1983), que fue puesta en marcha durante la dictadura militar como una medida que facilitaría la purga de disidentes. A partir de ese momento, la justicia comenzaría a acechar a Massera.
El 1985 el ex jefe de la Armada sería juzgado por los cargos de violación a los derechos humanos, asesinato, tortura y privación ilegal de la libertad, unas imputaciones que le supusieron la condena de prisión perpetua y pérdida del grado militar. De un día para otro, el que fuera el soldado más joven en acceder al cargo de almirante en la historia naval argentina, se quedaba sin condecoraciones, honores y medallas.

Cinco años después Carlos Menem le otorgaría el indulto que le daría el pase a la libertad. Un beneficio que le duraría poco tiempo, ya que en 1998 fue puesto en prisión preventiva por el secuestro y la negación de identidad de los menores desaparecidos durante la dictadura. En los años siguientes, su delicado estado de salud le permitiría libarse de la justicia, debido a que una aneurisma cerebro vascular terminó por ralentizar el proceso judicial, por cuanto la defensa tuvo tiempo de alegar que Massera presentaba incapacidad por demencia, lo que conllevó a que en 2005 la justicia argentina suspendiera definitivamente la causa en su contra. Sin embargo, no sería la única que tendría pendiente.
La justicia italiana se encargaría de abrir el caso de los tres ciudadanos italianos desaparecidos durante el régimen de la Junta Militar. Razón por la cual el gobierno autorizó el envío de un perito médico a Argentina con el propósito de determinar las aptitudes mentales de Emilio Massera para soportar un proceso judicial. El doctor Piero Rocchini, el responsable de la investigación, constató en un informe de 28 páginas que el imputado “debe ser considerada una persona con plenas facultades para ser juzgado, a pesar de los intentos de manipulación, más o menos conscientes, con exagerados síntomas psíquicos ficticios”. A principios de marzo de este año el documento fue entregado a las autoridades competentes del tribunal de Roma.
Por los momentos el cuerpo judicial está a la espera de iniciar el proceso decisorio que podría llevar de nuevo a juicio a uno de los cerebros de una las más crueles dictaduras que se ha impuesto sobre el pueblo argentino, siempre y cuando, la huelga nacional de abogados en Italia no genere más retrasos y le den a Massera otra tregua. Entre tanto, el ex Jefe de la Armada Argentina se muestra impávido ante su suerte. Quizá su avanzada edad y su delicada salud le den un respiro en lo que le quede de vida, mas ello no impedirá que siga arrastrando las sombras de miles de argentinos que él instó a desvanecer y a convertir en fantasmas.