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La salud de nuestro sistema financiero

lunes 30 de marzo de 2009, 23:55h
El Banco de España ha tomado la decisión -forzada por las circunstancias- de intervenir en Caja Castilla La Mancha. Un asunto menor, según el ministro de Economía, Pedro Solbes, pero que ha obligado al Gobierno a convocar de urgencia un consejo de ministros y a suspender el descanso dominical de los dos vicepresidentes para hacer el anuncio. Una inconsistencia más de un Gobierno que, sin sonrojo, con la boca desmiente lo que hacen sus manos.

Solbes ha dicho que el Banco de España interviene por un mero problema de liquidez del banco y niega que sus cuentas tengan un agujero financiero. Pero sabe perfectamente que el órgano regulador no interviene por una carencia de liquidez, que puede solventarse sin mayor problema en el mercado. Y sabe que a lo que se enfrenta Caja Castilla La Mancha es a un verdadero problema de solvencia.

El mal que le aqueja a esta institución es doble. Por un lado es el que se deriva del fallo sistemático de nuestro sistema financiero, provocado por la excesiva relajación en los tipos de interés marcados por el Banco Central Europeo. Se han concedido demasiadas hipotecas y se ha creado una burbuja que ahora estalla en forma de caída de precios, contracción de la actividad, morosidad y quiebras. Pero el otro problema que aqueja a las cajas de ahorro, bien que más a unas que a otras, es la influencia e interferencias de consideraciones políticas en la gestión. Si bien algunas han sabido profesionalizar la gestión de un modo reconocido, en otras la larga mano de los políticos ha llevado a las entidades a una situación financiera insostenible. El mercado castiga a quien lo repudia. Y Caja Castilla La Mancha lo está viviendo en sus propias carnes.

Por más que deseemos que los hados nos sean favorables, la severidad de las leyes económicas es inescapable y no son pocos los analistas que creen que esta entidad será la primera pero no la última. Lo que nos espera no supondrá una debacle financiera pero tampoco una tormenta tropical. Debemos aprovechar esta crisis para mirar con honradez a nuestro sistema y reformarlo allí donde sea necesario.

Es claro que el Banco Central Europeo debe replantearse su política excesivamente generosa con el crédito. Lo es también que, en nuestro país, el Banco de España, tan encomiable como es por ciertas decisiones, ha fallado en el control de al menos una entidad crediticia. Y es asimismo claro que el sistema de cajas de ahorro, que alberga a alguna de las entidades de crédito con más éxito en España -y con reconocimiento mundial- también favorece para otras comportamientos indeseables y, al final, insostenibles. Estos males tienen remedio. Pero para logarlo hace falta una verdadera voluntad de reforma y un patriotismo bien entendido. Dos cualidades muy escasas.
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